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“No todos los ángeles nacen para volar” (Minwoo oneshot)

02 Aug
“No todos los ángeles nacen para volar” (Minwoo oneshot)

 

Nota de la Autora: 

Hola monstruos peludos! Surprise!! aquí os traigo mi primera historia con un miembro de Boyfriend ^^ Hacia tiempo que quería escribir sobre ellos aunque desgraciadamente solo sale uno de ellos….

¡¡sorry!!

¡Pero no os desaniméis! algún día escribiré sobre todos ^^

¡porque ME ENCANTAN! Con su Love Style me enamoraron y me hicieron bailar.

Aquí podéis ver a Sensei bailando con un pato con tenis y sin tenis😄

Hoy os traigo una historia inspirada en la canción Wide Awake de Katy Perry la cual escuché la mayor parte del tiempo🙂

Un dato importante que debéis saber sobre esta historia es que aparecen personajes del fanfic Soul’s Cry. Esta sería como una historia alternativa pero que lleva la misma temática de ángeles y demonios ^^. Seria algo así como una nueva generación jeje.

Espero que me dejéis un comentario y asi puedo saber qué os pareció este oneshot *O*

¡¡Saludos a tod@s!! Take care !!!

Sensei

Mientras su cuerpo era transportado a través del tiempo, de las estrellas, del viento y de la inmensidad de un espacio lleno de una luz blanca, Minwoo no podía estar más contento. Después de mucho esperar, por fin llevaría a cabo su primera tarea como ángel de la guarda. Las mariposas de su estómago revoloteaban más de la cuenta. Parecían incluso chocarse contra la paredes de sus costillas de lo dislocadas que andaban.

Fue antes del último instante antes de abrir los ojos, que recordó las palabras de Seungho:

              Nada de nervios, tranquilidad, positividad y ante todo una gran sonrisa.

Minwoo aun con los ojos cerrados sonrió alegre. Era plenamente consciente de que aquello de sonreír se le daba bien. Todos en el cielo alababan su sonrisa.

Y recuerda, mantente siempre atento a todo lo que ella necesite, quédate a su lado siempre que puedas pero no la agobies, vas a estar aquí para ayudarla a ser feliz, no para acosarla, ¿de acuerdo?

Minwoo en un susurro repetía la voz de Seungho mientras imitaba su tono y también hacía muecas y movía una mano asemejando la forma de una serpiente parlante. Se estaba mofando de Seungho. Minwoo se rió por lo bajo al imaginarse a sí mismo.

De repente, sus pies tocaron una dura superficie.

Poco a poco Minwoo fue abriendo los ojos y entonces, un dulce aire comenzó a llenar sus pulmones de nuevo como si fuera la primera vez.

Minwoo sonrió emocionado al observar que otra vez estaba en la ciudad, en la gran hermosa y viva ciudad, rodeado de sus edificios, de sus gentes, de su ajetreo, de los gorriones volando entre los árboles, del ruido de los coches y los niños que se dirigían al colegio. Minwoo se sentía feliz de volver a estar entre todos ellos. Lo había echado de menos.

Era por la mañana, y con paso decidido comenzó a andar, maravillado por todo lo que acontecía a su paso, pero llegó un momento en el que, al mirar su nuevo reloj de muñequera se percató de que si no se daba prisa llegaría tarde a su primera clase en el colegio.

Minwoo miró a su alrededor y sonrió pícaro. Si usaba sus poderes podría llegar justo a tiempo. Rápidamente su figura se desvaneció sin ser vista por nadie. Se había vuelto invisible y de aquella manera, no había ningún problema en que usara sus alas para volar.

Inflando su pecho lentamente y luego volviendo a expulsar el aire, unas bellas alas blancas nacieron desde su espalda y se desplegaron grandes y de un brillante color blanco. Minwoo miró entonces a los tejados y supo como lo iba a hacer. Impulsándose desde el suelo saltó y planeando se dejó caer sobre la primera casa. De esta manera  dando suaves saltos fue avanzando de tejado en tejado hasta que a lo lejos divisó el edificio de su futuro colegio.

Sonrió alegre y tras dar dos grandes saltos últimos, aterrizó en una calle por la que justo estaba pasando una mujer paseando su perro. El perro al verle caer de pie en mitad de la calle se asustó y se quedó paralizado sin atreverse a dar un paso más. Su dueña tiraba de la correa, animándolo a seguir pero el perro miraba inquieto a Minwoo. Lo miraba con cara de horror y Minwoo sonriendo divertido se llevó un dedo a los labios mientras sus alas volvían a desaparecer decreciendo en su espalda.

-Shhh…-Minwoo había olvidado que los únicos que podían verle eran los animales y las personas que habían estado muy cerca de la muerte también.

El perro siguió andando pero sin apartar su fija mirada durante un buen rato. Minwoo se rió y al poco rato antes de ser visto por nadie volvió a materializarse. Salió por un callejón y avanzó por la amplia plaza que había ante el colegio y se mezclo entre los ruidosos estudiantes. Una vez dentro del colegio, anduvo por los pasillos muy observador y también algo incómodo pues lo cierto era que no estaba muy seguro de lo que tenía que hacer a continuación.

Lo primero estaba claro, tenía que encontrar a su alma perdida,  pero no estaba seguro de si ocurriría exactamente como Seungho le había descrito:

Lo que debes hacer es avanzar, dejarte guiar, sigue un camino y cuando notes un sentimiento especial en tu corazón, como si este se llenara de una tibia calidez, entonces, es que ella está muy cerca de ti…

Minwoo avanzó por aquel pasillo lleno de chicas, algunas lo miraron a su paso, pero el no sintió nada mientras pasaba y seguía avanzado. Minwoo empezaba a pensar que encontrar a su protegida iba a ser una tarea muy difícil pero entonces, una oscura figura pasó de largo muy rápida a su lado.

No había podido verla bien, dado el deslumbrante sol que entraba por la ventana que dejó su silueta en sombra, pero Minwoo si pudo oler un dulce perfume y entonces, una grata calidez llenó su pecho haciendo que Minwoo se llevara una mano a su lado izquierdo. Minwoo se detuvo sonriendo lleno de ilusión.

La había encontrado.

Minwoo se giró rápido, la buscó con la mirada y entonces la vio de espaldas. Todo a su alrededor pareció ralentizarse, el sonido, los chicos riendo, las chicas hablando, las puertas, los papeles de los tablones movidos por el aire, los pasos, el pelo de ella…

Su protegida tenía el pelo liso, muy lacio, cortado hasta un poco más abajo de la nuca, con mechones irregulares en diferentes capas cortados y de color oscuro. Llevaba una cazadora ancha y una mochila medio vacía y en su regazo apretaba algo, quizás una carpeta o libros.

Entonces recordó que no traía libros y mientras comenzaba a correr, con sus poderes Minwoo hizo aparecer varios libros en su regazo. El joven ángel de la guarda continuó corriendo cada vez más rápido hasta llegar hasta su protegida ed intencionadamente se tropezó con ella de tal manera que los libros de ambos quedaron tirados por el suelo. Minwoo avanzó un poco mas a trompicones y se giró aparentando preocupación y sobresalto.

-Oh…oh.. ¡¡lo siento!! lo-lo siento mucho! perdóname, iba con prisa y…-Minwoo empezó a disculparse a toda velocidad. Su protegida levantó la cabeza y la mirada de molestia en extremis que le dedicó no parecía en absoluto acogedora.

-¿Es que acaso estás ciego? Menudo bruto … vaya desastre…la próxima vez abre los ojos ¿vale? que para algo los tienes…puff…- la chica definitivamente no estaba de muy buen humor. Minwoo la ayudó a recoger sus libros y cuando terminó ella murmurando cosas ininteligibles se marchó dándole la espalda. Minwoo por un momento se sintió un poco fracasado en su misión.

Pero no iba a ser así, de ninguna manera se iba a rendir tan fácilmente.

Minwoo frunció sus cejas y decidido corrió tras la chica y la adelantó.

-Perdona…siento… molestarte de nuevo pero…necesito tu ayuda… -Minwoo la miró muy serio y convencido- mi nombre es Minwoo, soy nuevo y necesito que alguien me guíe…quizás… estamos en la misma clase…la mía es la… – Minwoo parecía realmente preocupado, rebuscó entre sus cosas y sacó una hoja que enseñó a la joven que por momentos se impacientaba por irse.  Esta hizo una mueca de cansancio y miró el papel y luego a Minwoo.

-Sí, estamos en la misma clase…qué… bien… bueno, sígueme que ya vamos tarde…- la chica sin aparentes ganas, arrastró los pies seguida de Minwoo.

-¡Muchas gracias Elena!- afirmó Minwoo muy alegre. La nombrada se dio la vuelta en redondo con los ojos muy abiertos.

-¿Cómo sabes mi nombre?- preguntó boquiabierta.

-Oh…eh…lo pone en tu libreta…que antes cogí…lo vi de casualidad no te creas que…- Minwoo tragó saliva nervioso. Elena frunció las cejas desconfiada y siguió andando. En pocos segundos llegarían a una tranquila clase aun sin profesor presente.

Elena se sentó al fondo y apoyó la cabeza en su mochila de bandolera.

Minwoo se sentó cerca de ella e intentó observarla con disimulo. El profesor llegó y fue entonces el turno de Minwoo de presentarse ante el resto de compañeros.

Mientras hablaba, él pudo apreciar que a primera vista, Elena pasaba olímpicamente de las clase. Y de él también.

No había levantado la cabeza en ningún momento y no parecía tener la intención de hacerlo. De nuevo sentado, Minwoo continuó mirándola de reojo.

Conforme avanzaron el resto de clases Minwoo observó que Elena ni traía cuaderno ni apenas traía libros. Durante todas aquellas horas Elena se dedicaba simplemente a dormir o a mirar como quien dice las musarañas.

Minwoo ya de primera mano sabía que ella no estaba bien, que su alma se estaba perdiendo, que ella no luchaba por ser feliz y que estaba dejándose arrastrar por todo lo malo que le estuviera ocurriendo.

Y en concreto, la misión de Minwoo era descubrir de que se trataba y en la medida de lo posible ayudarla a salir adelante. Para empezar tendría que captar su atención, obtener su confianza…

En definitiva, ser su amigo.

Llegó la esperada hora del recreo. Minwoo decidió actuar entonces.

Mientras los otros estudiantes se dedicaban a abrir el envoltorio de sus bocadillos o a comer toda clase de chucherías y a beber zumos o batidos, Minwoo con cierto disimulo se acercó a Elena que estaba sentada sola en el bordillo de las escaleras que subían al campo de deporte.

-Hey…-la llamó.

Elena se giró frunciendo el ceño.

-¿Qué quieres?- Cuando le vio entornó los ojos con aire calculador.

-Eh… ¿te apetece dar una vuelta? Las puertas del colegio están abiertas ahora, y como hoy es el primer día de clase… yo no creo que los profesores vayan a explicar algo muy interesante así que… podríamos salir por aquí cerca, ¿qué me dices? ¿te apuntas?- Minwoo abrió mucho los ojos y le dedicó su mejor sonrisa pícara mezclada con una amable. Elena se lo quedó mirando, parecía meditarlo. Minwoo pensó que aquello debía ser buena señal.

Tardó un rato pero finalmente cuando Minwoo estaba a punto de apartarse e irse solo Elena se incorporó.

-Vale, vámonos. Una vuelta es buena idea- Elena había aceptado. Minwoo sonrió y se giró para seguir andando. De espaldas a ella  más adelante se mordió el labio inferior y se encogió de hombros.

¡Lo he conseguido bien bien bien!– celebraba para sus adentros.

Se dirigieron hacia un parque que Minwoo había visto antes cuando volaba. Allí mientras paseaban Minwoo se dio cuenta de que Elena se quedaba mirando un tenderete de dulces.

El letrero decía ‘Buñuelos’ en letras negras y bien bonitas. Minwoo sonrió y cuando Elena ya se había distraído con otra cosa y se dedicaba a buscar un sitio a la sombra, Minwoo al poco rato de desaparecer regresó de nuevo con una cajita llena de buñuelos recubiertos de espeso chocolate y un toque de azúcar glas por encima.

Los ojos de Elena se abrieron de par en par.

-¿Lo has comprado para mí?- preguntó incrédula alzando una ceja.

-Si, por tomarte las molestias en acompañarme y ayudarme a encontrar  la clase y… eso… toma- Minwoo tendió la cajita con amabilidad. Elena lo miró seria y arrugando los labios tomó el paquete.

-No tenías porqué molestarte… no hacía falta que me compres dulces… no por ello vas a caerme mejor…- Elena pinchó con un pequeño tenedor de plástico de dos dientes un buñuelo y se lo llevo a la boca. Este estaba muy caliente así que tras quemarse levemente la lengua y el cielo de la boca, entreabrió los labios y sopló para sus adentros dejando abierta levemente la boca y saboreando el delicioso chocolate típico de esos dulces que lentamente se enfriaba.

Minwoo se rió levemente.

-Puede que no te vaya a caer mejor pero tú no has esperado ni a que se enfríen para comer jeje- comentó muy sonriente empezando a soplar un buñuelo que mantenía alzado delante de sus labios.  Elena miró hacia otro lado como si estuviera molesta. Minwoo siguió soplando hasta que se atrevió a probar el dulce.

Aquel sabor fue como saborear la felicidad. Si es que esta tenía algún sabor debía ser parecido al de ese chocolate. Minwoo cerró los ojos, apretó los parpados y degustó sonoramente el dulce.

Elena se lo quedó mirando y sonrió levemente. Continuó comiendo buñuelos.

El tiempo comenzaba a nublarse. Minwoo terminando de limpiarse la boca con una servilleta se giró hacia Elena que había sacado sus auriculares y estaba escuchando música. Esta sonaba alta y Minwoo pudo reconocer que era música metal.

-Oye… ¿aceptarías un consejo? creo que tu mal humor se debe a que quizás escuchas demasiado ese tipo de música … porque no tratas de escuchar mas la música de tu alrededor…- Minwoo empezó a alzar la voz porque Elena ignorándolo aparentaba no poder escucharlo- … como por ejemplo los pájaros… el viento… ¡¡o la gente cuando te habla!!- Minwoo había alzado mucho la voz. Elena se quitó los auriculares con molestia.

– Guárdate tus consejos para alguien que le interese, mi música no es tu problema… me voy a mi casa, adiós- Elena volvió a ponerse los cascos y emprendió un nuevo camino. Minwoo sentado se la quedó mirando cómo se alejaba. Entonces empezó a avanzar hacia ella pero la voz de Seungho sonó en su cabeza y se detuvo en seco. Elena cada vez estaba más lejos.

-No debo agobiarla… es mejor no insistir demasiado…- se dijo a sí mismo. Lo mejor sería contenerse. Pero eso no quería decir que no pudiera seguirla de otra forma más discreta.

Como por ejemplo de forma invisible. Minwoo sonrió de lado y cuando estuvo seguro de que nadie le miraba, se hizo invisible.

Ahora que nadie podía verle, Minwoo la siguió despreocupado, observándola detenidamente y haciéndole muecas en ocasiones. Minwoo tras comportarse tan infantil en ocasiones miraba a su alrededor porque siempre sentía que alguien podía estar viéndole no importara cómo.

Una vez llegaron a la que debía ser su casa, Minwoo se sorprendió mucho al descubrir que ésta estaba vacía y sin padres presentes que controlaran a Elena o la regañasen. Apenas había muebles, pero si había animales: en total tres gatos de diferentes tamaños y colores. Estos hacían parecer la casa más sucia aún pues el suelo estaba lleno de arena para gatos, el sofá lleno de arañazos y pelos, las cortinas igualmente roídas, un colchón cama bastante sucio por igual tirado en mitad del suelo y una tele a su lado también ciertamente arañada.

Elena se puso a dar de comer a los gatos y la misma leche que vertió en sus comedores improvisados con tapaderas de cacharros, ella la alzó y bebió directamente del tetrabrik. Una vez se terminó el envase  lo lanzó hacia una papelera sin hacer canasta. Elena se tumbó en su cama arañada y cerró los ojos.

Minwoo observado por los gatos que empezaron a moverse inquietos o a bufar desconfiados, se sentó en el borde y la observó concentrado unos instantes.

¿Realmente vives sola Elena? Se preguntó mentalmente Minwoo sin apartar sus ojos de la joven.

¿Cuál podía ser la razón? ¿Acaso había perdido a su familia? ¿Nadie se encargaba de ella? ¿Cómo podía ser eso posible? ¿Cómo podía ella pagar la casa? ¿Qué estaba haciendo para conseguir el dinero?

Minwoo pensativo luego con su mirada recorrió el resto del piso y se levantó para verlo mejor.

Los gatos comenzaron a seguirlo. Uno de ellos en especial, de color anaranjado y bien gordo no paraba de bufarle.

-Grumpy…- lo llamó a lo lejos su dueña con tono arrastrado. Minwoo se giró y tanto él como el gato se miraron a los ojos.

-el nombre te va que ni pintado, deja de seguirme que no voy a robar nada…- le chistó Minwoo al gato quien con aviesa mirada lo fulminaba y parecía escanearle en busca de puntos débiles.

El colchón de la cama de Elena  crujió. Ella se había levantado y mientras se encaminaba por el mismo pasillo por el cual Minwoo había entrado la chica comenzó a quitarse ropa. Minwoo inmediatamente bajó la vista turbado. Elena pasó a su lado dejando en el suelo sus pantalones y su camiseta más adelante. Minwoo esperó a que la puerta del baño se cerrara para volver a mirar. Minwoo se acercó a la puerta y se quedó pensativo. Grumpy a su lado volvió a bufarle.

-¡No estoy mirando pesado!- se quejó Minwoo frunciendo las cejas molesto mientras miraba al gato de aplastada cara.

La puerta del baño volvió a abrirse y la voz de Elena llamó al gato. Este obediente se aproximó y se metió por la estrecha rendija en el baño antes de que la puerta volviese a cerrarse.

-Vaya gato afortunado…será listo… y raro… ¿acaso se irá a bañar también?- comentó Minwoo confuso se apartó de la puerta y luego zarandeó su cabeza intentando apartar aquellos pensamientos.

Soltando aire profundamente Minwoo volvió a intentar concentrarse en la casa y en su misión.

Minwoo anduvo por el pasillo, de fondo se oía el agua correr de la bañera. El joven ángel de la guarda posó sus ojos en diversos cuadros que había colgados en las paredes.

En la misma pared había garabatos y otros dibujos. Minwoo vio que todos ellos estaban firmados por Elena.

Minwoo sonrió deteniéndose a mirar mejor uno de los dibujos que tenía muchísimos detalles. Minwoo alegre se había dado cuenta de que Elena era una chica muy creativa y que esta característica sin duda, iba a ser la llave para llegar hasta su corazón.

——-

Al día siguiente en clase de plástica tocaba pintar con caballetes. Minwoo comenzó a pintar una figura humana, pero entre trazo y trazo esta figura pasó de ser humana a ser un ser trascendental, algo muy similar a lo que él era.

Un ángel.

Elena desde el principio de la clase había quedado abstraída por su ocupación. En esta clase sí que ella traía los materiales y escuchaba al profesor un poco más. Minwoo una vez se sintió satisfecho con el trabajo avanzado. Llamó a Elena para llamar su atención y esta levanto la mirada de su lienzo unos segundos.

-¿Qué quieres?- le preguntó ella con fastidio. Minwoo le hizo un gesto con la mano para que se acercara. Elena resopló y sin soltar su paleta y pincel se aproximó y miró lo que Minwoo le señalaba.

Al encontrarse con el cuadro de Minwoo Elena inmediatamente abrió mucho los ojos y no pestañeó.

Parecía muy sorprendida.

-¿Qué te parece?- le preguntó Minwoo con cierta timidez.

Elena abrió los labios y miró a Minwoo y luego de nuevo al cuadro de este.

-Es… muy bonito… dibujas muy bien…vaya… qué sorpresa…- Elena se acercó un poco y admiró los detalles esbozados del dibujo.

A la hora del recreo de nuevo, aquel día  ocurrió lo mismo que el día anterior.

Volvían a escaparse.

Pero esta vez Minwoo sin estar muy seguro cómo había conseguido convencer a Elena para que fueran a su propia casa.

Elena de nuevo se llevaba una sorpresa en aquel día: la casa de Minwoo no tenía nada.

-¿Y tus padres?- preguntó ella desconcertada.

Minwoo se quedó un rato meditando su respuesta. Aquel sitio en realidad no era ni siquiera su casa. Era una casa que aun no se había vendido, pero Minwoo necesitaba un lugar donde poder pasar un rato tranquilo junto a Elena y que pudiera conocerse mejor. Así que con un poco de magia se las había ingeniado para poder llegar hasta allí…

-Hace poco me mudé y… mis padres están siempre viajando así que… vivo solo normalmente…- inventó.

Elena pareció quedar contenta con la explicación.

Con los materiales que traían de clase y otros que había preparado previamente Minwoo con su magia, Elena se encontró en el salón dos caballetes y una mesa llena de tubos de pintura y pinceles.

-Por lo que veo te gusta mucho pintar…- Elena parecía de nuevo sorprendida.

-Sí, y me atrevo a adivinar que tanto como a ti…- sonrió Minwoo amable. Elena algo cohibida lo miró de soslayo y siguió paseándose por la casa.

-Quizás no debería quedarme…- afirmó entonces.

-¿Qué dices? anda no seas tonta, voy a traer galletas y leche, espera aquí un segundo ¡espera!- Minwoo se fue  corriendo hacia la cocina donde tenía una bolsa llena de todo lo mencionado. Para cuando trajo todo aquello Elena ya había empezado a pintar. Obviamente no había sido capaz de resistirse.

Minwoo soltó las cosas y se quedó mirando a Elena maravillado mientras estaba dibujaba un cielo azul y luego esponjosas nubes.

-Realmente dibujas bien…- Minwoo exclamó maravillado con un brillo especial en los ojos.

Elena se giró y sonrió con suficiencia y siguió pintando sintiéndose ella muy alagada. Minwoo sonrió para sí y se colocó frente a su caballete. Miró a Elena fugazmente. Ya tenía una idea de lo que iba a pintar.

Elena a ratos se separaba de su cuadro para mirarlo con más distancia y más detenimiento. En una de esas veces cogió varias galletas y las fue devorando seguidamente y con cuidado de no impregnarlas de la pintura que ya manchaba varios de sus dedos. Minwoo se rió por lo bajo. Pero no lo suficiente.

-¿De qué te ríes tu? eh?- le llamó la atención Elena aun con la boca llena y sujetando en una mano un bote de pintura.

Minwoo la miró, se encogió de hombres y se rascó la cara con una mano manchada lo que hizo que su mejilla se manchara también.

-Yo… de nada importante… solo pensaba que eres un poco glotona… jaja- se rió mientras la imitaba al masticar.

-Y tu eres un sucio… te ensuciaste la cara…y también aquí…- Elena entonces sin pensárselo dos veces apretó el bote y le salpicó con pintura en la camiseta. Minwoo abrió mucho la boca y mirándose comenzó a reírse incrédulo de que Elena hubiera sido capaz de tirarle pintura.

-¿Un sucio eh? Mira quien fue a hablar!!- Minwoo ni corto ni perezoso agarró otro bote y le lanzó pintura a ella con tan mala suerte que cayó también algunas salpicaduras en su pelo.

Elena se quedó inmóvil, con las manos alzadas y se miró la camiseta. Afortunadamente ambos llevaban ropa vieja, especialmente para aquel día de manualidades.

Aquella era una razón más para continuar la batalla de pintura que no había hecho más que comenzar.

Elena emprendió su venganza. Minwoo intentaba esquivarla y al mismo tiempo se armaba cogiendo otro tarro de pintura para devolverle los ataques.

Al final del juego tanto la casa como ellos terminaron prácticamente cubiertos de pintura por doquier. De milagro sus obras de arte salieron ilesas.

La noche había caído ya sobre la ciudad por lo que antes de cenar, mientras Minwoo se aseaba en la cocina Elena se aseó en el único cuarto de baño que había en el otro extremo de la casa.

Con las manos de nuevo limpias juntos se pusieron a cenar unos perritos calientes que Minwoo había comprado en un puesto que había abierto enfrente de su casa. Aunque ambos aun seguían teniendo pintura en la cara y en el pelo el hambre era demasiado grande como para tener escrúpulos y limpiarse a conciencia.

Habían salido al balcón. Comieron en silencio sentados con las piernas colgando entre los espacios de los barrotes de la barandilla. La gente pasaba ignorante de que dos jóvenes estaban comiendo unos cuantos pisos más arriba sobre sus cabezas. Elena y Minwoo disfrutaron del agradable ambiente nocturno iluminado por farolas y ventanas de casas llenas de gente y sus respectivas vidas.

Una vez terminaron de cenar Elena habló:

-Ha sido divertido lo de esta tarde, hay que repetirlo- Elena se giró hacia Minwoo y le sonrió con cierta timidez. Minwoo sin embargo le devolvió la sonrisa ampliamente.

-Sí, por su puesto. A mí me ha encantando pintar y pelear  contigo jaja- admitió el achicando los ojos al sonreír. Elena se lo quedó mirando unos segundos y luego giró la cabeza con rapidez. De repente se la notaba cohibida. Minwoo dejó de sonreír y se acercó un poco a ella.

-¿Estás bien Elena?- preguntó preocupado.

-Sisisisi… es solo que debería irme… mis padres deben de estar esperándome… ciao- Elena se levantó con rapidez y tras recoger sus cosas con un simple movimiento de mano se despidió de Minwoo y cerró tras de sí la puerta principal. Minwoo dio un paso pero se detuvo. Miró el caballete de ella. Allí entre las nubes había dibujada una chica que con alas ascendía entre las nubes. Minwoo sonrió complacido.

Aun con aquella atropellada despedida, Minwoo sabía que ella confiaba por fin en el. Y Minwoo por ello se sentía feliz.

Y no se equivocaba al pensar que las cosas iban a cambiar para mejor.

A partir de aquella noche, los dos nuevos amigos comenzaron a quedar mucho. Aquellas escapadas en los recreos se convirtieron en una costumbre y en concreto esos momentos los dedicaban a pasear, a visitar sitios concurridos como parques, museos, o calles llenas de tiendas.

Puede que Minwoo no la inspirara mucho a estudiar pero si algo siempre intentaba era que Elena se sintiera especial, como una turista en un país extranjero. Aunque era ella quien creía ser la guía durante esos paseos, pues Minwoo era nuevo allí, sin embargo ocurría más bien lo contrario: Minwoo era quien al final la estaba llevando por un camino muy concreto.

El de la felicidad.

Y parecía que lo estaba consiguiendo bastante bien. En todas aquellas tardes y mañanas que pasaban juntos hablaban bastante y así cada vez se conocían mucho mejor, cada vez eran capaces con mayor precisión de anticipar la reacción del otro.

Pero aun así, Minwoo no comprendía era porque Elena se afanaba en contarle mentiras sobre su vida y su familia.

Minwoo conocía a Elena perfectamente porque de forma invisible la espiaba una vez se separaban. El seguía viendo lo que hacía, cómo vivía, y lo cierto es que vivía sola. No había ninguna madre ni padre, nadie salvo la compañía de los gatos.

Una terrible verdad se escondía tras todo aquello, y Minwoo quería descubrirla pero para ello debía preguntárselo directamente a Elena, y aquello no era una tarea fácil.

Minwoo  ansiaba contarle todo lo que sabía acerca de ella pero no debía. Aquello podía suponer el fin de su amistad y Minwoo por nada del mundo se permitiría algo así.

No podía perder a Elena. Minwoo por lo tanto dejó que el tiempo transcurriera.

Y en aquel devenir de días sin preguntarle nada con exactitud, finalmente sucedió algo.

De repente Elena no vino a clase.

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¿Por qué no has venido? Minwoo se preguntó mentalmente mientras concentraba su mirada en la puerta y no en lo que debería, como era la lectura del profesor que ya había empezado.

La puerta permanecía cerrada. Sin movimiento. Minwoo aun así seguía mirándola, casi con la esperanza de que por arte de magia, su deseo se volviera realidad y Elena fuera a aparecer de un momento a otro…

Pero las horas pasaban y Elena seguía sin aparecer.

La campana del recreo sonó de repente. Minwoo se sobresaltó visiblemente ya que estaba ensimismado pensando en Elena. La gente empezó a pasar por su lado, nadie reparaba en él y eso a Minwoo no le importaba.

Lo que verdaderamente le tenía muy preocupado era Elena.

Minwoo quedó solo en el aula. Miraba concentrado su pupitre, meditando sus opciones.

Su preocupación aumentaba por momentos. No sabía qué hacer, si salir a buscarla, si quedarse por ahí, si no hacer nada….

Minwoo entonces tomando impulso se levantó y dejando todo atrás salió rápido de la clase con la intención de descubrir que estaba ocurriendo. Aunque sabía que no debía interferir tanto en la vida de ella, Minwoo por alguna extraña razón que no entendía, no podía evitar hacerlo.

En una carrera a pleno pulmón, el joven ángel protector atravesó calles, evitó personas, coches, cualquier obstáculo que hubiera a su paso. Sin darse cuenta se había hecho invisible y de un salto emprendió el vuelo y aterrizó en un callejón junto a la casa de Elena.

Subió las escaleras de incendios y entró por una ventana del pasillo de su piso. Al final de este estaba la puerta de su casa.

El corazón de Minwoo palpitó con fuerza, casi dolorosamente. Minwoo se detuvo a medio camino.

Un aura oscura provenía del interior de la casa. Los ojos de Minwoo se empañaron levemente y recogiendo fuerzas continuó avanzando hasta que se colocó ante la puerta.

No hizo falta apenas esfuerzo, la puerta cedió por si sola. Minwoo avanzó y sumida la casa en oscuridad se percató de que todas las ventanas estaban cerradas y las cortinas echadas.

Una deprimente sensación comenzaba a embargarlo. Había una presencia allí y no era de este mundo.

A lo lejos se oía el maullar de los gatos y a cada nuevo paso, el sonido se hacía más fuerte y aterrador.

Minwoo por fin llegó al salón y para sus peores temores, allí estaba Elena, tirada en el suelo sobre un charco de un liquido color oscuro y maloliente, rodeada de sus gatos y sobre ella había un cúmulo de demonios fantasmales que estaban absorbiendo su energía vital que salía en forma de torbellinos que estos aspiraban por sus negras bocas.

Minwoo montó en cólera y se puso a gritar mientras se hacía paso entre los demonios e intentaba rescatar a su protegida.

Esta parecía haber perdido el conocimiento. Minwoo la cogió en sus brazos y entonces se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.

Estaba enferma. Muy enferma. Algo en su interior la estaba devorando y Minwoo no lo había visto hasta ese momento. Con lágrimas en los ojos intentaba apartar con una mano a los demonios que continuaban acosando a su protegida. Harto ya de aquellos seres malignos, abrió sus alas y comenzó a arremeter contra ellos con más violencia, con patadas, puñetazos, de cualquier forma que hiciera que saliesen espantados de allí cuanto antes.

Los demonios al final se dieron por vencidos, y  uno a uno salieron por las ventanas del apartamento.

Minwoo aun sobrecogido y con la respiración irregular se giró hacia Elena y la tomó en sus brazos de rodillas en el suelo.

Estaba muy débil, su alma se apagaba por momentos y Minwoo entonces recordó una ley muy importante que había en el cielo.

«Todos tenemos un destino, y cuando llega el momento de que nuestros protegidos partan, no podemos remediar nada, tan solo podemos aceptar su marcha y aliviar su pesar lo máximo posible»

Minwoo acarició el rostro de Elena y negó con la cabeza.

Se negaba a quedarse de brazos cruzados y verla morir. Minwoo rápido la alzó en sus brazos y salió de allí.

No esperó ninguna ambulancia, no llamó a ningún médico. Minwoo aterrizó frente al hospital y corrió hasta sus puertas que estaban abiertas mientras algunas personas entraban y otras salían.

Todo lo que a continuación ocurrió fue muy rápido. Minwoo tendió Elena a las enfermeras que rápidamente trajeron una camilla y llamaron a un doctor de guardia.

Elena se convulsionaba en la camilla, de su boca escapaba un líquido oscuro. Minwoo no pudo avanzar más allá de las puertas que se la tragaron y la apartaron de su vista. Minwoo se sintió sin fuerzas de repente y aunque quisiera, no podía andar. De pie se quedó un momento solo en mitad de la amplia sala de espera. Minwoo entonces retrocedió tembloroso y se dejó caer en uno de los asientos. Su mirada seguía fija en las grandes puertas.

Una extraña sensación lo arañaba desde el interior. Aun sin ser capaz de reaccionar, Minwoo apenas podía pestañear, su vista se perdía en aquellas puertas de emergencia  que conectaban con las salas de operaciones.

Minwoo empezaba a recuperar una respiración más tranquila cuando de repente una voz a su lado le habló.

Él que se había llevado las manos a la cabeza se giró rápido y se percató de que allí a su lado había una niña pequeña, de rostro angelical, sonrosadas mejillas y pelo lacio recogido en dos trenzas muy finas.

-¿Estás bien?-preguntó inquietada.

-Sí, yo… es solo que estoy muy preocupado por mi amiga…está muy enferma y creo que es por mi culpa… debería haberme dado cuenta antes… yo… – Minwoo intentó sonar agradable pero poco a poco su tono se hizo más oscuro y la melancolía lo turbó por completo. Sus ojos brillaban llenos de lágrimas retenidas por la impotencia. La niña se acercó un poco y acarició su espalda en movimientos circulares para reconfortarlo.

-Tranquilo, tu amiga seguro que se pone buena… ya verás- le sonrió la niña lindamente.

Minwoo se la quedó mirando. Había algo muy especial en aquella niña que debía tener unos 8 años y no estaba muy seguro de qué era…

El joven ángel protector tomó aire e intentó interiorizar las palabras de la pequeña, pero aun así estaba muy asustado de perder a Elena.

Los minutos pasaban lentos y Minwoo nervioso miró a la niña. Necesitaba hablar más con ella.

-Y tú… ¿por qué estás aquí?- preguntó curioso alzando las cejas.

-Aquí murió mi abuelito hace varios años…y ahora mismo me están operando a mí… pero…- la niña sin previo aviso se quedó un momento callada con la mirada perdida como si por momentos su mente se transportara a otro lugar. Minwoo entonces se la quedó mirando sin parpadear, dándose cuenta por fin de que era aquello tan especial que la caracterizaba.

La niña era un fantasma.

Esta pestañeando repetidas veces volvió a mirarle directamente y le sonrió gentil.

-No te preocupes, a mi no me han podido salvar pero a tu amiga sí que podrán…- la niña volvió a acariciar su espalda.

Minwoo la miro como se levantaba y se despedía de él con la mirada.

La niña ahora se interponía entre él y la puerta de emergencias y Minwoo mientras la miraba compungido por un fuerte sentimiento, vio como al fondo, la puerta se difuminaba y una gran luz blanca empezaba a crecer y a cubrir toda la puerta. Allí recortada por la inmensa luz habia la figura de otra persona. La niña entrecerrando los ojos por la dificultad que suponía mirar a la potente luminosidad se giró y alzando una mano para protegerse los ojos agudizó la mirada y entonces sonrió. Se giró hacia Minwoo y agitando la mano se despidió nuevamente.

Empezó a correr y allí esperándola, Minwoo pudo reconocer que estaba un señor muy mayor de canosos cabellos con los brazos abiertos al encuentro de la pequeña.

-¡Abuelito!- gritó al niña llena de alegría.

Tras un tierno abrazo y unas miradas llenas de complejidad, juntos de la mano entonces cruzaron al otro lado y la luz se desvaneció suavemente de tal forma que portal hacia el cielo quedó cerrado. Minwoo de nuevo sintió como las lágrimas mojaban sus mejillas.

Sentía una gran tristeza por la niña pero al mismo tiempo estaba emocionado por haber sido testigo de aquel emotivo reencuentro.

Varias horas pasaron hasta que finalmente Minwoo tuvo noticias de Elena y pudo pasar a verla.

Esta estaba sedada. Al parecer había sufrido un caso grave de apendicitis que se había convertido en peritonitis. Minwoo no se creía aun que gracias a él, ella seguía con vida.

Lentamente el rostro de Elena parecía retomar su color natural, pero aún era pronto para cantar victoria: las primeras horas eran cruciales tras la operación.

Minwoo no se movió de allí. Se quedaría todo el tiempo que hiciera falta. No permitiría que otra vez los demonios atacaran el alma de su protegida e intentaran arrebatarla de su lado.

———————–

El despertar de Elena no pudo ser visto por Minwoo ya que este se había quedado dormido.

Elena tras incorporarse se quitó todos los cables que la conectaban a maquinas que marcaban su pulso o que le ofrecían sedantes.

Elena aunque se sentía algo dormida y su estomago le dolía, pese a todo aquello, lo más importante para ella era saber que Minwoo estaba allí a su lado, aguardándola, haciéndole compañía.

Elena sintió una terrible candidez invadir su corazón que se derretía después de haber estado mucho tiempo congelado por la pérdida de sus padres tras aquel grabe accidente y la desgracia de encontrarse sola, abandonada por sus otros parientes.

Sus manos volvían a estar tibias, Elena se sentía viva, y además quería estarlo. Se acercó sigilosa y descalza hacia Minwoo y lo miró con intensidad. Minwoo dormía plácidamente.

Elena sonrió contenta.

¿Cómo era posible que en tan poco tiempo aquel muchacho hubiera hecho tantas cosas por ella?

¿Cómo era capaz de hacerla sentir tan bien?

Elena entonces cayó en la cuenta de algo muy importante.

Acaba de recordar que en uno de esos leves momentos de lucidez cuando el dolor era insoportable y sentía que su cuerpo se evaporaba, vio el rostro de alguien, alguien que la estaba llevando en brazos.

Elena recordó que fue a Minwoo a quién vio.

Él la había salvado.

-Hey…- fue tan solo un susurro, pero fue suficiente como para que el joven se avispara y con mirada nublada mirara a la chica que seguía de pie ante él.

-¡Elena!- Minwoo abrió de golpe los párpados. La nombrada sonrió deslumbrante.

-Quiero volver a casa…vámonos de aquí…- pidió ella entonces.

Minwoo de nuevo de pie se la quedó mirando. Queria abrazarla pero ella no acudía a él tampoco. Frente a frente, Minwoo entonces meditó lo que Elena le había pedido.  Aquello no sería fácil.

Los médicos ya antes le habían hecho muchas preguntas. Todo el mundo ahora parecía estar interesado en la vida de Elena. Ahora la vida de esta daría un giro de 180 grados.  Todo iba a cambiar, y Minwoo sabía que a Elena los cambios no le hacían mucha gracia.

Por lo tanto Minwoo decidió que usar su magia nuevamente le haría ganar tiempo y ofrecería lo que más necesitaba su amiga: paz y tranquilidad.

Minwoo sonrió contento y decidido a ayudarla.

——————————

La vuelta a su casa se hacía extraña. Sobre todo para Elena que seguida de Minwoo ya no podía volver a mentirle.

Minwoo ayudó a Elena a sentarse en el colchón. Esta abrió los labios con la intención de disculparse por tantas mentiras pero Minwoo anticipándose a esta no le permitió decir nada.

-Tranquila… entiendo que no me hayas contado nada, me conoces desde hace muy poco y… de veras, no pasa nada, no te sientas mal por ello, yo estoy bien con que tu estés sana de nuevo así que olvídalo, ¿ok?

-ok…- Elena agachó la mirada y rodeada de sus gatos asintió con cierta vergüenza.

El silencio se abría entre ellos. Una cierta tensión los mantenía alerta a cualquier cosa que el otro pudiera decir.

De nuevo estaban cenando juntos.

Elena y Minwoo mientras comían miraban los gatos comer por igual pero en su caso, comida especial para gatos. Ahora Grumpy ya no le bufaba a Minwoo, parecía que el hecho de que le diera de comer y de que hubiera cuidado tanto de su dueña finalmente lo habían convencido de las buenas intenciones del ángel.

Los dos amigos por su parte estaban comiendo comida rápida de una hamburguesería cercana.

-Siento que ahora estés comiendo esto pero… es que no sé cocinar…- se disculpó Minwoo mientras miraba la marca de sus dientes en la hamburguesa. Elena se rió.

-Descuida, desde ahora intentaré comer más sano, por ahí tengo algún libro de cocina y por las mañanas hay muchos programas de comida sana.

-Si, buena idea, podríamos incluso verlos juntos y aprender al mismo tiempo jaja- respondió Minwoo divertido. Elena también sonrió y continuó comiendo.

Poco rato después, la chica estaba cambiándose de ropa, poniendose cómoda para ya irse a dormir y Minwoo recogía la cocina. Justo mientras lavaba los vasos que habían usado para beber de una botella de Coca-Cola, notó un pinchazo en una de sus manos. Minwoo soltó el vaso de cristal y aun con el grifo abierto Minwoo se miró la mano derecha.

Sus ojos se abrieron mucho. Minwoo alzó su mano izquierda y descubrió que en esta ocurría lo mismo.

Aparte de aquella desagradable sensación, Minwoo ahora podía ver el fregadero a través de sus manos y aquello solo podía significar una cosa.

Él estaba desapareciendo.

Minwoo retrocecidió asustado y con la respiración agitada.

-No… no por favor…- Minwoo ahora se daba cuenta de su gran error.

Había pasado demasiado tiempo junto a Elena, demasiado tiempo en la Tierra y además había roto unas cuentas reglas fundamentales del Cielo.

Desaparecer era el resultado de todo aquello y sobretodo porque un ángel inexperto, demasiado joven…

Ya Seungho se lo había advertido pero Minwoo no le había querido escuchar y ahora estaba sufriendo las consecuencias…

Minwoo con prisas salió de la cocina y gritó para que Elena le oyera que ”tenía que ir a un sitio”.

Elena que acababa de volver al salón se lo quedó mirando extrañada mientras el joven dejaba la puerta abierta en movimiento y salía corriendo por las escaleras.

-¡Minwoo! ¡espera! ¡a donde vas a estas horas!! Espera!!- Elena llevando su pijama que era una camiseta larga corrió tras Minwoo. Este era rápido y al principio la ganó en distancia.

Ambos habían llegado a la calle, Elena por un momento creyó perder de vista a Minwoo pero pronto volvió a localizarlo.

Este seguía corriendo calle abajo. Eran las 2 de la mañana y nadie pasaba por las nocturnas calles de aquel barrio.

Tan solo dos jóvenes corrían como perseguidos por el diablo.

Elena falta de aire empezó a ceder en velocidad. Le dolía la garganta del esfuerzo. Sus ojos aun veían a lo  lejos a Minwoo que también había disminuido la carrera. Sin embargo Minwoo no llegó muy lejos pues de repente se derrumbó en el suelo.

-¡MINWOO!- Elena gritó alarmada. Volvió a correr y cuando llegó a su lado no pudo creer lo que le estaba ocurriendo a su amigo.

Su piel perdía intensidad y conforme esta se desvanecía, Elena podía ver mejor el suelo debajo del cuerpo de Minwoo. Su amigo era casi transparente.

-Minwoo… ¿qué… qué te está pasando? Oh dios mio…- Elena cayó de rodillas y arrastró al translucido Minwoo a su regazo. Este con dificultad se incorporó sobre sus brazos y la miró.

-Elena… yo no soy como tu… realmente hay muchas cosas que no te he contado… quizás después de todo no sea tan bueno…- los ojos de Minwoo se entrecerraban cansados.

-Me da igual! Me da igual! Minwoo, deja de decir tonterías, tu eres lo mejor que me ha pasado en la vida… por favor… no te vayas… no me dejes…- Elena abrazó a su amigo con todas sus fuerzas. Minwoo ceñido en aquel abrazo y sin fuerzas para corresponderlo tan solo pudo hablar:

-Te he mentido, te he ocultado cosas… ¿Por qué ibas a querer que me quedase? – Elena al oír esto, apartó un poco a Minwoo y este consiguiendo mirar a Elena a los ojos esperó una respuesta. La joven con ojos brillantes hizo una leve mueca con los labios como si estuviera a punto de llorar como una niña pequeña.

-Pues porque…yo te quiero…y te quiero a mi lado…¿Es acaso pedir demasiado? Por favor…- Elena cerró los ojos y una lágrima escapó mientras sus labios presionaban los de Minwoo quien sorprendido lentamente cerró los ojos.

Quedaron quietos un momento. Minwoo pensó que desaparecería entonces en brazos de Elena pero…

Nada ocurrió.

Cuando Elena se separó de él nuevamente y volvió a tomar aire se lo quedó mirando expectante.

Minwoo como si estuviera en shock de repente notó un gran calor en sus mejillas y luego en todo su rostro. Elena lo miraba incrédula y entonces se rió echando aire.

-Minwoo…estás… rojo como un semáforo… cómo… estás brillando…- Elena se había quedado boquiabierta con una media sonrisa.

Minwoo cerró los ojos y entonces sintiéndose explotar como un cohete, su cuerpo salió disparado hacia el cielo. Desde el suelo Elena lo observó elevarse fulminante.

Minwoo poco a poco frenó y casi flotando desplegó sus alas de ángel por fin y lentamente dejó que su cuerpo descendiera de nuevo hacia la ciudad donde una joven atónita observó su elegante aterrizaje.

Pero no solo observó como con gran maestría Minwoo apoyaba sus pies en el suelo sin sufrir daño alguno, Elena si se mostraba atenta a algo era especialmente a sus alas de ángel. Totalmente impresionada Elena tragó saliva.

Minwoo con timidez avanzó y tendió una mano a Elena.

La ayudó a levantarse y de nuevo quedaron frente a frente para mirarse muy de cerca a los ojos.

-Elena, siento no haberte dicho que soy tu…ángel…de…- aquellas palabras eran difíciles de pronunciar más cuando la chica que te gusta ha quedado sobrecogida al ver tu forma original- a ver… yo soy…yo…

-para… no hace falta que me digas nada… creo que me hago una idea de lo que eres…y de todas formas… creo que siempre he sabido que eras especial…- Elena entonces sonrió con cierta vergüenza.

Minwoo nervioso y contento se acercó aun más a ella.

-No se si esto está bien pero… me preguntaba si… querrías volar conmigo…- la voz de Minwoo acarició todos los sentidos de Elena quien percibió cómo Minwoo acogía entre sus manos las suyas y las alzaba hasta su pecho.

-Eh… sí, por qué no… volar… suena bien…¡ok!- accedió la jóven con energía.

Y diciendo esto, Minwoo muy sonriente pegó el cuerpo de Elena al suyo y con gran agilidad juntos se elevaron en el cielo.

Por un momento volaron sobre las nubes pero estas cada vez eran más escasas por lo que permitieron a Elena ver las casitas y las zonas verdes de su barriada, así como su colegio que quedó atrás, las carreteras y las miles de luces de farolas que desperdigadas estaban por todas partes.

Elena se agarró con fuerza a Minwoo y este se rió feliz mientras planeaba con sus alas.

No tardaron en sobrevolar un inmenso campo, a ratos volaron más bajo y a veces casi rozando lo largos tallos de maleza. Elena se rió a carcajadas por los juegos de Minwoo mientras volaban.

No muy lejos de donde estaban ellos, dos altas figuras los observaban. Estos eran los ángeles Seungho y Mir.

-Este Minwoo es incorregible… ha roto… ¿Cuántas? 10 reglas? 20? Madre mía…- Seungho observaba la figura alada de Minwoo haciendo piruetas mientras se reía junto a su protegida.

-Bah…siempre hay excepciones, ya deberías saber que… no todos los ángeles nacen para volar…- Mir a su lado le guiñó un ojo y se rió divertido mientras volvía  a observar a la pareja feliz.

Seungho suspiró vencido.

-Bueno, supongo que… tienes razón…después de todo… no es el primero ni será tampoco el último…- admitió Seungho con una leve sonrisa.

Minwoo mientras se divertía con Elena ignoró que dos ángeles se desvanecían en el inmenso prado que se abría bajo sus pies.

En un fuerte abrazo y disfrutando de la luz de la luna, Minwoo con sus nuevos poderes gracias al amor de Elena se sentía mejor que nunca.

Y aunque besar no era su punto fuerte, sabía que iba a tener más de una ocasión para mejorarlo.

Y decidido a ello, Minwoo  acercó su rostro y besó con delicadeza a Elena quien a su vez lo abrazó con fuerza mientras juntos volvían a ascender y perderse entre las nubes.

FIN

 

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