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“Mi perdición” (Zico&Taewoon oneshot)

23 Jun

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Nota introductora: para quien no lo sepa Zico, integrante de Block B y Taewoon miembro de COED School son hermanos en la realidad! :3 sé que quizás es una tonteria decirlo pero bueno a lo mejor alguien no lo sabía u.U”’ ALE, ya pueden leer x)

Listening to: Over the Love (Florence +The Machine)

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TAEWOON

Nunca quise cambiar y todos se empeñaban en que lo hiciera. No sabía porqué, no entendía su empeño, pero al final… lo hice. Hice todo lo que mis padres me pedían, abandoné aquello que ellos pensaban que no tenía futuro para mi y estudié, estudié y estudié.

Mis padres querían lo mejor para mí decían…

Sin embargo todo ese rollo era diferente en el trato hacia mi hermano.

‘El es especial, es de esa manera…’

¿Por qué? ¿Por qué él sí puede hacer lo que quiere y yo no?

Muchas veces me lo pregunté, pero al final siempre la rutina diaria cedía y yo abandonaba esos pensamientos para concentrarme en los exámenes de la universidad.

Tuve que abandonar mi hogar por un tiempo. Todo por mi bien, por mi futuro, por un glorioso futuro que nunca llegaría a cuajar del todo una vez mi madre abandonó este mundo.

Eso ocurrió estando yo en mi último año de máster.

De nuevo, regresaba a mi hogar, de nuevo regresaba para buscar el recuerdo de mi madre, la cual nos dio tanto amor tanto a mi como a mi hermano. La cual siempre quiso hacernos sentir únicos y especiales. Gracias a ella tengo los mejores recuerdos de mi infancia.

Era divertida, alegre, guapa…

Cuando regresé a casa, el caos reinaba por doquier, ya lo hacía en los viejos tiempos por culpa de mi hermano pero… mi madre siempre estaba ahí para limpiar y hacer que la casa pareciera acogedora y no una leonera.

Botellas, papeles, restos de comida, colillas…

Mis pasos me llevaron hasta mi padre que seguía sentado en el sofá. No se había cambiado la ropa ni afeitado en varios días. No había ido al puerto a trabajar, no era el mismo, sus ojos parecían vacíos, y miraban fijamente la tele apagada.

La cabeza de mi padre había sido desconectada. De rodillas a un lado lo llamé, y tras un rato en el que finalmente mi padre rompió a llorar, terminé arropandolo, y ya terriblemente cansado cayó dormido en el respaldo del sofá.

Aun con las mejillas húmedas me pregunté donde estaba mi hermano. Llevaba una semana desaparecido.

Siempre le había gustado hacerlo, y odiaba ese rasgo de él. Pero para mi sorpresa, mientras yo me disponía a recoger, un portazo sonó en la casa y allí estaba él, quieto en mitad de la entrada, mirándome como quien ha visto un fantasma.

-¿Taewoon?- preguntó inseguro con extraña voz.

-hermano…- sentí que las lágrimas se me escapaban de nuevo. Zico corrió hasta mí y me abrazó con fuerza. Yo respiré hondamente e intenté contener las ganas que tenía de hundirme en la oscuridad.

Zico me separó levemente para poder mirarme mejor, y dentro de sus brillantes ojos emocionados pude leer muchas cosas.

-Se te ha echado mucho de menos por aquí…- Zico también parecía al borde de las lágrimas, pero lo de llorar no se le daba bien. Desde hacía muchos años no lo había vuelto a ver llorar. Quizás desde que dejamos de ser unos críos.

Y si lo había hecho, seguramente ya se habría encargado de no ser visto por nadie.

Nos fuimos a la cocina, nos sentamos en los pequeños taburetes, y ciertamente asqueado observé el terrible aspecto que tenía todo.

-No me digas que mamá ha tenido que vivir con esto desde que yo me fuí…

-Ahora está peor de lo normal…yo… ya lo limpiaré, tu ahoradeberíass irte a tu cuarto a descansar, debe haber sido un largo viaje…el del avión y tal…- Zico ahora miraba al suelo, tan solo despegaba su mirada a ratos para trasladarla a mi cara, pero algo le inquietaba, era como si no tuviera el valor suficiente como para mirarme a los ojos…

Se sentía culpable, puede que hubiera hecho cosas no muy buenas, y frente a mi se sintiera avergonzado. Yo aun así, no tenía fuerzas para preguntarle.

-Si, estoy cansado pero… no puedo dejar esto así… ya sabes que… no puedo…

-si, eres como mamá… y quizás por una vez me alegro por ello…- Zico sonrió amargamente una vez.

En aquel instante me detuve a mirar con detalle a mi hermano, su aspecto, su aura…

Y me di cuenta de que no había cambiado.

Seguía siendo el mismo chico rebelde, su pelo ahora era rubio pero su rostro seguía mostrando marcas de haberse peleado, en sus dedos había vestigios de su habitual costumbre de fumador…

Seguía vistiendo ropas oscuras, tenía un tatuaje en el pecho que no podía ver por completo…

-Yo también me alegro de verte… y también te he echado de menos, aunque no me creas- respondí en aquel momento. Mi sonrisa era franca, tranquila, sincera.

Aunque la última vez que nos viéramos antes de mi marcha, yo terminara con un ojo morado y el con una brecha en el labio. Aunque el me llamara toda clase de apelativos poco cariñosos y yo hiciera lo mismo como si leyera una lista de todos sus defectos…

Todo aquello parecía ahora un turbio recuerdo de una pesadilla pasada.

Ahora me metía de nuevo entre las sábanas de mi vieja cama de mi antiguo cuarto donde aún seguían mis viejos posters y mis juguetes favoritos. Todas las luces de mi casa se habían apagado. Yo no podía dormir pensando en la suciedad reinante pero me sentía cansado… muy cansado.

Mientras mis ojos se entrecerraban a lo lejos escuché un lamento, los gimoteos de un niño. Un llanto ahogado contra una almohada.

Aquel debía ser mi hermano.

Quise levantarme pero el sopor me había contaminado y sintiéndome incapaz de moverme, el sueño me sobrevino como un cálido sedante que me llevó a otro mundo lejano. A uno al cual hacía tiempo no viajaba:

Al mundo de los recuerdos.

———–

El color parecía abandonar la realidad, casi todo era de tonos grises: la piel de mi hermano con 7 años, la barca de madera, los remos, el agua del océano que nos rodeaba, mis ropas, la montaña…

Mi hermano y yo habíamos salido temprano de casa, habíamos robado la barca de mi padre y nos habíamos lanzado en una nueva y loca aventura. Nadie en el puerto nos vio. Y así dos niños se perdían en la inmensidad del mar. O eso pretendíamos. Realmente no nos perdimos, estuvimos varias horas remando y fantaseando con islas y cofres del tesoro hasta que finalmente acabamos cansados, sin ganas de remar pero si de pelearnos entre nosotros.

-Menudo gallina, ¿ahora quieres volver? pues vuélvete a nado, yo me quedo aquí- se quejaba Zico.

-No quiero volver pero… tengo hambre… ya no quedan galletas…y quizas tengo pis…

-¡Pues mea fuera del bote, idiota!- gritó mi hermano desesperado moviendo los remos realmente cabreado. Yo lo miraba lleno de rencor sin decir nada. Mi hermano me mantuvo la mirada. Siempre hacíamos lo mismo pero esta vez algo rompió nuestro duelo de miradas. Algo llamó mi atención.

No estabamos muy lejos de la costa, nuestra barca se movía a la deriva empujada por las olas que cada vez nos acercaban más y en esta ocasión nos encontrábamos cerca de una formación rocosa, una de las más conocidas y admiradas por los turistas. Entre aquellas grandes rocas, destacaba una muy grande que nacía en la orilla y llegaba a tierra para fundirse con la montaña. Justo al borde de este acantilado había una casa, una casa de color azul. El único color que pude distinguir en mi recuerdo y que resaltaba poderosamente.

Mi hermano se giró y entonces vio lo mismo que yo: una niña.

Esta estaba asomada a la ventana de aquella casa que muchos decían estaba encantada.

La niña estaba sentada en el bordillo, nos miraba atenta y conforme nuestra barca se acercaba más hasta su posición mejor pude observar que su expresión estaba colmada de tristeza.

-hermano… esa debe ser la hija del ermitaño…el que mató a una de las tejedoras de redes…dicen que la tiene esclava… y que es muy malo con ella…- la voz de mi hermano se quebró. Yo sin embargo ya no lo escuchaba, tan solo podía clavar mis ojos en los de ella y quedarme sin aliento. Ella también me miraba. La niña entonces desvió la mirada, miraba al agua, parecía que quería saltar desde su ventana. Mi hermano y yo nos quedamos en silencio. Aguardando.

Pero entonces, una imagen me sacó de mi estupefacción: una gran figura apareció tras ella, se trataba de un hombre fuerte que con una mano arrastró a la niña hasta el interior de la casa, cerrando ventana y cortinas, para desaparecer de nuestra atenta y curiosa mirada. Mi corazón latió con fuerza, emitía un sonido sordo en mi pecho, como si llamase desde mi interior implorandome que hiciera algo.

¿Pero qué podían hacer un par de niños que acababan de robar una barca, que solían dar problemas y que estaban acostumbrados a inventar historias?

Nada. No hicimos nada.

—————-

Me desperté al día siguiente con los ojos hinchados y un gran malestar en todo mi cuerpo. Había sudado y me encontraba francamente mal. Cuando fui a ducharme me encontré con la desagradable noticia de que no teníamos agua caliente. Me duché lo más rápido que pude y me fui a buscar a Zico pero no estaba. Mi padre aun dormía rodeado de botellas de vino y cerveza.

Quería enfadarme con mi hermano, pagarlo todo con él pero sabía que no podía. No arreglaría nada, así que me preparé mentalmente para  el largo día que me esperaba de limpieza.

—————-

Tras la última despedida al cuerpo de mi madre que fue incinerado, mi hermano, mi padre y yo llevamos sus cenizas recogidas en una bonita y pulida urna negra. Nos detuvimos en el acantilado y desde allí esparcimos sus restos. Típico, pero era lo que mi madre quería.

Mi hermano se quedó en el borde del acantilado. Yo ayudé a mi padre a descender y fue entonces cuando volví a reparar en la casa azul. Estaba vieja, descuidada, presa de la vegetación y la corrosión del aire del mar. Sin embargo, no estaba vacía pues pude distinguir perfectamente la figura de una chica paseando a lo lejos acompañada de un gran perro y como las dos figuras de estos, entraban por uno de los lados de la casa sin prestar atención a nosotros.

Me quedé de piedra por unos instantes, aquella chica debía se la niña de mis recuerdos que la noche anterior me atormentaron tanto.

Entré a mi padre en el coche y me senté frente al volante, dejé mi puerta abierta y me quedé ensimismado.

Está viva pensé.

Los pasos de mi hermano que torpemente avanzaba hasta el coche captaron mi atención y me hicieron reaccionar. Hice girar las llaves y cerré la puerta. Volvimos a casa pero mi mente seguía en el acantilado sobrevolando la casa azul y dandole vueltas a la historia de sus misteriosos habitantes.

———————-

Aunque una parte de mi estaba arrepentida y temía lo peor, otra parte estaba inquieta y deseosa de estar allí: justo en frente de la puerta de la gran casa azul. La verja estaba abierta, pasé ya que nadie respondía a mi saludo. Una vez llegué a la segunda puerta principal de la casa observé que todo parecía completamente abandonado, nadie limpiaba aquel lugar, nadie lo mantenía. Mi piel se erizaba por el ambiente lóbrego y por el recuerdo de aquel hombre.

Alcé por fin una mano y toqué a la puerta. Acto seguido, se escuchó los ladridos de un perro. Este ladraba y ladraba para finalmente se acercarse a la puerta gruñendo y escarbando. Por un momento pensé que nadie abriría la puerta pero de repente se oyó el sonido de la cerradura accionarse, alguien estaba abriendo la puerta, tragué saliva, mi pulso pareció detenerse, no respiré y entonces la puerta quedó abierta.

Al verla de nuevo, dejé escapar todo el aire que tenía y relajé todos mis músculos.

El recuerdo vivo de aquella extraña niña se corporeizaba ante mis ojos. Apenas había cambiado, aunque dentro de un cuerpo más torneado aquella triste e inocente niña de grandes ojos expresivos y pelo lacio seguía en ella. Sus ojos parecían volver a mirarme pero sin embargo no podía verme. Sus ojos eran como los de mi padre pero la diferencia es que estos si estaban ciegos realmente. Con un tono más claro de lo usual apenas se movían. La chica no dijo nada, tan solo esperó mientras contenía al perro con una pierna para que no se lanzara sobre mí. Ahora podía distinguir que era un colosal san bernardo.

-ho-hola… me llamo Taewoon y… somos vecinos y eh… ayer te ví y… me sorprendió mucho verte porque pensé que no vivía nadie bueno… si lo he pensado pero.. es que hace mucho tiempo que no pasaba por aquí y ahora que te veo pues… lo siento si te estoy molestando, no lo…- quería decir muchas cosas pero tuve que detenerme, la chica alzó las manos y comenzó a hablar una lengua que para mi mayor sorpresa conocía perfectamente. Aunque pudiera parecer increíble, además de ciega era muda y me estaba haciendo signos con las manos. Obviamente aquello sólo tenía sentido si alguna vez había podido ver y yo era perfectamente consciente de que una vez hace mucho tiempo si que pudo ver.

Aún recordaba sus ojos oscuros clavados en los míos aquel día cuando la vi en la ventana.

Ella en aquellos momentos me estaba pidiendo que me fuera, que no me preocupara por nada y ya con desgana se disponía  a cerrar la puerta pero yo se lo impedí sujetando la puerta con una mano. La chica se giró en mi dirección y parecía sorprendida. El perro ladró repetidas veces y la chica lo volvió a contener con la pierna.

-Entiendo lo que me has dicho, y entiendo que prefieras estar sola con tu perro pero… me gustaria conocerte, hace mucho tiempo te vi cuando solo eras una niña y desde entonces siempre quise saber quien eras… por favor… tan solo quiero charlar contigo un rato… si quieres luego puedes echarme a patadas o echarme a tu perro… que supongo que será mucho peor jeje pero al menos déjame que… me quede un rato…- pedí ciertamente avergonzado y nervioso.

Aunque no podía verme, se giró y con expresión de sorpresa se quedó pensativa un rato. Entonces se apartó, yo dí tan solo unos pasos cuando ella tras cerrar la puerta de un golpe, me cogió del brazo y me llevó hacia el interior del lugar. El perro nos seguía gruñendo. Yo de vez en cuando le lanzaba alguna mirada de miedo que el muy bien ya me había olido. Tras avanzar por un amplio pasillo llegamos a una sala que conectaba la cocina con el comedor y el salón. Era muy amplio pero al mismo tiempo estaba muy descuidado. La chica me ofreció asiento y allí me quedé mirando a mi alrededor mientras ella trasteaba entre los muebles. El perro se sentó pero no me quitaba ojo de encima.

-No me has dicho cómo te llamas…- le dije al fin.

Vi que ella entonces dando unos pasos más allá de la mesa rebuscaba entre un montón de objetos y entonces extraía una libreta que llena de dibujos me tendió, en uno de ellos vi una firma la cual decía:

JEN

-¿Te llamas Jen?… supongo que es de Jennifer o…

‘Solo Jen, Jen a secas está bien’ me pidió.

‘¿Quieres té?’ me preguntó entonces continuando expresándose con múltiples gestos de manos que se ayudaban de ciertas expresiones faciales.

-Puedo prepararlo yo si quieres, aunque…- mis ojos se abrieron mucho de la sorpresa-…ya veo que… te desenvuelves bastante bien…- exclamé alucinado mientras la veía moverse de un lado a otro, cogiendo el agua vertiéndola perfectamente sin derramarla, abriendo cajones, cerrando cajones.

Tras unos breves minutos, tenía ante mi una taza con té humeante y a ella sentada tranquila con la mirada perdida y una tímida sonrisa dibujada en la cara. Tomé la taza y me la acerqué a los labios, entonces ella me acercó un bote lleno de azúcar. Algunas hormigas recorrían el borde de este. Lo miré inquieto y lo retiré. Soplé el vapor de mi taza y probé el té. Todavía estaba demasiado caliente para mi.

-Aparte de tu perro…¿no vive nadie más contigo?- el perro volvió a gruñirme.

Jen dejó escapar aire entre sus dientes para amonestar al animal. Volviéndose hacia mí asintió.

-Yo creía que vivías con un señor…¿tu padre quizás? ¿Dónde está?

‘Murió’

-¿Cómo?

‘Hacía tiempo que estaba enfermo y al final murió durante una mañana.

Yo misma lo enterré no muy lejos de aquí, junto a la costa.’

Una terrible imagen comenzaba a aparecer en mi mente mientras interpretaba sus gestos y me imaginaba el corpulento cuerpo de su padre enterrado en la arena.

-Oye… espero no ser indiscreto pero… ¿desde cuando no puedes ver? la primera vez que te vi creo que… eras capaz de ver así que…llevo un rato indeciso… ¿qué te pasó?

‘Mi padre lo hizo’

Mis ojos se abrieron de par en par.

‘Pero fue un accidente. Él nunca pretendió hacerme daño pero… era dado a la bebida y no controlaba su fuerza así que la mala suerte quiso que perdiera la vista…desde entonces el siempre se preocupó mucho más por mí, bebió menos y me regaló este perro…quizás nunca se perdonó lo que me hizo pero… yo ya hace tiempo que lo hice’’

-Cielo santo… no puedo imaginarme lo dura que ha tenido que ser tu vida… pero está claro que has podido sobrevivir… lo que me pregunto es cómo haces para tener comida y mantener la casa…aunque ya veo que la limpieza no es tu fuerte…eh…- por momentos me quedaba sin palabras mirando a mi alrededor.

Ella sonrió. Yo me quedé mirándola callado.

‘No, tienes razón. Nunca lo ha sido’

-Y no te preocupa que tu o tu perro os pase algo? aquí los dos…solos…- miré hacia la puerta y las ventanas. La puerta tenía muchos candados y cerraduras y luego en cuanto a las ventanas, estas estaban tapiadas. Realmente la casa tenía poca luz, pero aquello le otorgaba un ambiente tranquilo, de sosiego… pero al mismo tiempo el aire estaba algo viciado. Al detenerme a mirar una de las ventanas caí en que aquella debía ser desde donde ví a Jen por primera vez junto a mi hermano. Me levanté, anduve un poco y toqué las tablas de madera que obstruían la visión del mar. Solo entre las estrechas rajas de luz que había entre ellas me sobrevenía el aliento marino y su típico frescor. Noté la presencia de Jen junto a mí. Volvió a hablarme.

‘No debes preocuparte por mi. El perro me protege, y para la comida me la traen por correo…no te preocupes…’

-¿puedo mirar tu nevera? tengo curiosidad por ver qué es exactamente lo que te traen…

‘Claro, mira lo que quieras pero no cambies de sitio nada… por favor..’

-De acuerdo- afirmé decidido a cotillear su despensa.

Lo primero que quise mirar fue la alacena de la cocina que como me temía daba miedo de lo sucia y llena de cosas pasadas de fecha además de ciertas cosas que ya casi tenían vida propia y podían trepar por las paredes. Cerré inmediatamente.

¿Cómo podía vivir una chica en esas condiciones?

Tragué saliva y la miré.

-Jen… no creo que sea bueno como tienes la casa… por muy bien que te desenvuelvas tú sola… yo creo que necesitas ayuda… yo tengo bastante tiempo libre así que no me importa ayudarte a limpiar esto y… a acompañarte al mercado si quieres un día para…- Jen me interrumpió gesticulando atropelladamente de repente.

‘¡¡No! ¡no quiero ir al mercado, tengo un pequeño huerto ahí,

es más que suficiente, y cuando llega el correo me basto!’– gesticulaba preocupada.

Me quedó claro que no quería.

-Jen, estás muy delgada… deberías comer cosas más nutritivas que solo cereales y té… por favor, déjame que te eche una mano…¿ok?

Nos habíamos quedado de pie el uno frente al otro, Jen parecía meditar mis palabras y yo la escaneaba con la mirada, buscaba cualquier emoción, cualquier detalle…

-Sé que estás a gusto con tu perro pero… ¿no te sientes un poco sola aquí?- me negaba a creer que ella se viviera bien de aquella manera, no entraba dentro de mi cerebro. Jen con su mirada perdida parecía divagar entre pensamientos, quizás recuerdos pero entonces tras una espera que se me hizo eterna, Jen por fin se manifestó.

No quiero robarte tu tiempo, si quieres venir puedes hacerlo…

pero primero haz tus cosas, no quiero que desatiendas a los tuyos’

-Tranquila- sonreí contento de que hubiera aceptado mi presencia- si no te importa voy a empezar ahora mismo ¿ok?

Creo que Jen en breve se dió cuenta del gran maniático de la limpieza que era. Ella acomodada en un sillón escuchaba atenta y de vez en cuando se reía al oírme maldecir por alguna razón, ya fuera porque se me caía algún cacharro encima o porque alguna alimaña me asustaba con su repentina y fantasmal aparición.

¿Cómo podía haber vivido todos esos años en esas condiciones? Aun no me lo explicaba. Pero lo había hecho y entre este y otros interrogantes, andaba en deseos de preguntarle más detalles de su vida.

Tras hacer una buena limpieza y tirar muchas cosas, la sala parecía ya más acogedora, por lo menos, limpia. Bastante cansado me senté y bebí agua que me había ofrecido Jen. Esta sentada de nuevo parecía estar de buen humor, a su lado estaba el perro que parecía haberse acostumbrado a mi presencia… o al menos ya no ladraba. Jen movía los dedos de sus pies descalzos balanceandolos.

Aunque ahora fuera una chica de unos veinte años, aún conservaba un aire infantil en el rostro. Lo que me parecía increíble después de la dura vida que había llevado.

Hey ¿Cómo sabes hablar el lenguaje de signos?’ me preguntó con atenta expresión

-Lo aprendí en la universidad, estudié traducción y luego hice un máster en lenguaje de signos… pensaba ser profesor pero… no he terminado siquiera el máster…

‘¿Por qué?’

-Mi madre… murió hace poco…y me vine de vuelta de inmediato para cuidar de mi familia… que parece más trastornada que nunca… ahora las cosas están mejor… – le expliqué. Por un momento había dejado de mirarla y no me percaté de que como un gato sigiloso se había desplazado hasta donde yo estaba y justo la vi cuando se sentaba en el suelo ante mí. Con decisión buscó mi mano y la apretó con fuerza.

‘Lo siento’

-No pasa nada… yo… estoy bien…- sonreí falsamente. Me estaban dando ganas de llorar y aunque ella no me pudiera ver volteé el rostro hacia otro lado. Ella se percató y de rodillas y con las manos alzadas buscó mi cara que no tardó en mover hacia ella.

La miré fijamente a los ojos, ella no me miraba pero estaba concentrada mientras sus palmas con delicadeza recorrían mi cara y me hacían estremecerme considerablemente. Me quedé quieto, muy quieto mientras Jen me reconocía y se hacía una idea de cómo era mi rostro. Sonrió mientras apretaba suavemente mis mejillas. Yo me reí sin esfuerzo.

Con sus dedos empezó a dibujar los rasgos de mi cara, a palpar la textura de mi pelo y de mis orejas y de mis labios y nariz, la forma de mi cabeza. Y entonces, sonrió con emoción.

-¿Qué?-pregunté inseguro.

‘Nada. Ahora sé como eres’

Jen entonces agachó la cabeza y la colocó sobre mi pecho echándose prácticamente sobre mi, como lo haría cualquier niña que abraza a su padre. Yo seguía quieto, no sabía si abrazarla o salir huyendo, pero lo cierto es que me sentía bien teniéndola así de cerca.

No tarde en percatarme de que lo que Jen hacía era escuchar mi corazón. La oí reírse y entonces con un puño cerrado empezó a imitar el rápido latido de mi corazón dando golpecitos suaves sobre mi pecho.

-Sí, va muy rápido ¿eh? Siempre he tenido esa costumbre.. es casi una herencia familiar, no creas que es nada especial…- mentí.

Tras descansar un poco más de la paliza de limpiar en su casa llegó la hora de despedirnos. El perro salió por la puerta. Yo la miré una última vez:

-Bueno, ¿nos vemos mañana no?

Ella asintió repetidas veces sonriendo tranquila.

-Adios Jen…mañana te traeré comida ok? hasta luego- me despedí aun con cierta incertidumbre y me encaminé hacia la verja sin dejar de mirar hacia atrás.

Cerré tras de mi la puerta y avancé pasando la verja y llegué finalmente a mi coche. El perro se había quedado sentado entre la alta y verde hierba. No sacaba la lengua, no era amistoso conmigo. Estaba vigilando que de verdad me iba.

-Ya me voy… ya me voy… perraco…- murmuré incómodo mientras me introducía en el coche.

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-Oye Zico, ¿dónde tienes los libros que te envié no hace mucho tiempo sobre la lengua de los signos?- estaba preguntandole a mi hermano después de registrar mi habitación y no encontrar lo que quería.

-¿Para qué los quieres?- me preguntó Zico asomando su cabeza rubia por el hueco de la puerta mientras chupaba un caramelo.

-Quiero repasar un poco, aunque haya dejado el máster temporalmente… eso no quiere decir que de lo aprendido pueda sacar provecho y adivina qué, voy a dar clases en el pueblo a dos niños de un vecino que son sordos.  Zico se me quedó mirando un rato. Tenía esa costumbre cuando intuía mis mentiras. Esta ocasión no pareció enterarse.

-Toma, aquí los tienes. Están curiosos pero son muy feos de leer.- me dijo soltandome los tres libros en la cama y volviendo a desaparecer en su habitación.

En aquel momento le noté raro pero nunca podría haber imaginado que detrás de aquella mirada distraída y aquel tono más neutro de lo normal hubiera una importante y gran razón de peso que ocultara su estado de humor y sobre todo, de preocupación.

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Cocinar para Jen era divertido y sobre todo, gratificante: nunca había visto a nadie disfrutar tanto con la comida.  Había preparado pescado a la barbacoa y luego una ensalada y para terminar, como culmen, un buen postre de nectarinas y melocotones bien grandes y jugosos que caramelicé un poco en la candela.

Jen se chupaba los dedos, estaba sentada con una de las rodillas pegadas al pecho, el pelo cayendo a cada lado de su cara y el perro al lado, subido en otra silla y comiendo lo mismo que nosotros. Yo lo miraba con cierto descaro y molestia. El sentimiento era mutuo pero parecía que no lo demostraba tanto desde que había traído comida. Jen suspiró contenta acariciándose la barriga. Yo me reí ilusionado de verla tan espléndida. Sus mejillas ahora tenían cierto color sonrosado. Jen realmente era guapa.

‘La comida estaba deliciosa, Ahora quiero salir a dar un paseo, ¿me acompañas?’ me preguntó mientras se levantaba y se calzaba unas sandalias demasiado grandes para ser de mujer.

-Claro- respondí mientras dejaba los platos en el fregadero a toda prisa.

Seguidos por el peludo san bernardo, llegamos a la orilla del mar, habíamos bajado la colina y ahora pasabamos junto al barranco y las muchas rocas que lo decoraban. Jen andaba tranquila, con su fino vestido enmarcando su figura y ondeando levemente. Yo con las manos en los bolsillos paseaba a pocos metros de ella, no dejé de mirarla hasta que me detuve y clavé la vista en una de las piernas de Jen. Estaba llena de sangre, varios hilos bajaban hasta mezclarse con la arena de sus húmedos pies.

-¡Jen! ¡Jen!- me acerqué a ella corriendo y la detuve. Ella gesticuló sin entender mi repentino cambio de humor y sobresalto.

-Tu pierna, tienes sangre! ¿estás herida? ¿Que te ha pasado?!- pregunté alarmado agachandome. Jen inmediatamente se rió echando aire y con ambas manos cubrió sus muslos que cerró rápidamente.

‘Tranquilo, es normal, soy una chica, estas cosas pasan, no me voy a morir’- me dijo sonriendo muy divertida mientras se acercaba a la orilla y se sentaba.

Yo aun escandalizado la miraba como quien mira a un lunático pero no tardé en acercarme y sentarme cerca y observarla. Jen sentada en la orilla recibió el suave oleaje que acarició sus piernas extendidas limpiandolas y mojándolas por completo al igual que a su vestido. Jen se tumbó y cada vez que una ola venía se mojaba más y más. Esta había cerrado los ojos y con una tranquila sonrisa se estaba relajando con la fresca y curativa caricia del mar. Yo la observé fascinado como quien observa a una sirena.

‘¿Sabes alguna canción? me preguntó Jen entonces.

-Si, se varias ¿por qué? ¿Quieres que cante?

‘Si quieres si, hace mucho tiempo que no escucho música’

Durante un rato me la quedé mirando y una vez tuve clara mi elección comencé a cantar una de esas pegadizas canciones que siempre salen en la radio.

Él camina despacito que las prisas no son buenas,

en su brazo dobladita con cuidado la chaqueta.

Luego pasa por la calle donde los chavales juegan,

él también quiso ser niño pero le pilló la guerra.

Soldadito marinero conociste a una sirena,

de esas que dicen te quiero si ven la cartera llena.

Escogiste a la más guapa y a la menos buena,

sin saber como ha venido te ha cogido la tormenta~

Al parecer Jen le gustaba mi elección pues con una amplia sonrisa comenzó a mover la cabeza de un lado a otro y las manos como si bailara tímidamente bajo el efecto de mi voz. Yo entusiasmado canté con más ganas y así estuvimos un buen rato hasta que al llegar la tarde yo tuve que irme. Mi familia ya debía de echarme de menos.

Sin ganas de despedirnos lo hicimos, y con una extraña sensación agarrada en el estómago me marché tarareando en el coche sintiendo aún los pantalones mojados y la arena de haber estado en la playa…

Junto a ella.

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ZICO

Durante toda mi vida de niño me había sentido como en una burbuja. Yo creía en mis sueños mis historias imaginarias y que mis padres eran los mejores y que algún día yo sería un artista, o un aventurero o qué sabía yo.

Yo tan solo quería soñar… pero a partir de ciertos momentos de mi vida, me di cuenta que los sueños son algo que escapan más allá de la realidad y que son solo eso: sueños.

Un sueño fue creer en que algún día podría estudiar lo que quisiera y que mis padres me apoyarían y me facilitarían los mismos recursos que a Taewoon; un sueño fue creer que mi madre viviría eternamente; y otro sueño fue creer en que mi hermano nunca sería capaz de hacerme de daño… de hacerme sentir lo que es la traición.

Aquel mismo día en el que yo no volví a casa después de haber estado bebiendo y fumando, no supe nada de Taewoon o mi padre en unos días, y fue justo en medio de aquellos días en que ocurrió lo que me demostró finalmente que los sueños son solo ilusiones.

Yo siempre había sido un chico reservado. Difícil de tratar, agresivo incluso, realmente maleducado para la opinión de muchos. Pero había una persona a la que todo eso le daba igual.

De nuevo iba a su casa, de nuevo atravesaba aquella desgastada verja que alguna vez había intentado arreglar pero que al final había desistido por vagueza. La puerta estaba abierta para mi. Siempre lo estaba, pues yo conocía el lugar secreto donde habían unas llaves. Este era justo encima de la puerta. Tras abrir la poderosa y vieja cerradura oxidada, aquel gran perro lleno de pelo vino hacia mí en silencio, raspando el suelo con sus uñas y recibiéndome cariñoso, lamiendo incluso mi mano.

Debía de haberme echado de menos.

Yo si lo había hecho.

Avancé por la casa. Esta se veía distinta. Ya no estaba tan desordenada y lo más evidente, estaba limpia y pulcra como una iglesia. Aquello apestaba a mi hermano por doquier. Era casi capaz de imaginarlo con un delantal y un trapo limpiando como una empedernida ama de casa. Hice una mueca de asco. Mis botas hacían bastante ruido y estaban llenas de arena, me las quité y me quedé en calcetines. Avancé seguido de mi peludo amigo hasta llegar a una zona bastante privada de la casa, a un pequeño jardín interior cuyas puertas de la terraza estaban abiertas de par en par y justo en el escalón de estas, estaba ella tumbada, disfrutando de los rayos de sol.

La observé en silencio. Al parecer ella no se había percatado de mi presencia. Estaba completamente relajada e ignorante de que mis ojos recorrían su piel y las formas que se intuían bajo sus finas ropas.

Me agaché y pasé una mano por encima de ella. Jen entonces se dio cuenta de que había alguien allí, justo encima de ella, iba a incorporarse, pude leer el miedo en su expresión pero tapé su boca con mi mano, acaricié su mejilla con mis dedos y noté como paulatinamente ella se relajaba al reconocer quien era yo. La forcé a tumbarse nuevamente. Pasé entonces una pierna sobre ella y me agaché.

Jen parecía inquieta, su respiración parecía acelerarse. Sonreí.

Sabía que se sentía acorralada y excitada, eso me gustaba.

Bajé mis manos hasta su camiseta de tirantas y comencé a bajarla con fuerza, su pecho quedó al descubierto, su suave piel desnuda. Continué con su falda subiendosela. Jen alzó las manos pero mi boca ya estaba sujetando sus labios. No la iba a dejar protestar.

Ella no podía hablar. Eso nunca me había importado.

Yo sabía que a Jen además le gustaba jugar, le gustaba ponerme las cosas difíciles, pero al final los dos hacíamos lo que queríamos. Lo que desde hacía tiempo habíamos estado haciendo el uno con el otro.

La besé con fuerza, casi con ganas de morderla, saboreé su piel, de la parte de su cuello, de sus senos, succioné y lamí con ansiedad. Jen respiraba sonoramente, jadeaba con profusión. No podía gemir, no podía emitir ningún sonido. Y yo en el fondo me moría de ganas por oírla algún día gritar mi nombre.

Me desabroché los pantalones, ni siquiera me los quité del todo. Abrí sus piernas y la acaricié hasta que noté la humedad que yo tanto ansiaba disfrutar.

Entré dentro de ella, Jen se tensó, y yo continué besándola, agarrandola del rostro, de las manos; eché casi todo mi peso y me moví rápido, tan rápido como me era posible.

Apreté mis manos contra la madera. Jen jadeaba y jadeaba, se estremecía bajo mi cuerpo, sus manos ahora estaban en mi espalda, se clavaban sus dedos y aquello me encantaba. Empecé a moverme más lento pero entrando más adentro hasta que finalmente con los últimos espasmos sentí que una parte de mi se iba. Repetí su nombre entre susurros, besé su cabeza, su mejilla, su boca de nuevo y me dejé caer a su lado aun entre resuellos.

Allí tendidos quedamos en silencio con la respiración aun agitando nuestros cuerpos.

Noté que Jen se movía, estaba arreglando su ropa, se ajustaba la camiseta y se bajaba la falda. Se sentó y giró el rostro en mi dirección, con mucho cuidado comenzó a acurrucarse junto a mí, pasó un brazo sobre mi pecho y me estrechó con ternura. Yo acerqué mi cabeza y rocé de la de ella suavemente a modo de caricia.

-Siento no haber venido por aquí últimamente… pero… necesitaba estar solo… mi madre murió y …lo siento…¿sabes? te he echado de menos…- Jen me apretó aún más fuerte mientras yo hablaba.

De nuevo silencio.

Jen movió sus manos.

‘Yo también te he echado de menos’

-Jen, aunque no me lo quieras confirmar sé que mi hermano ha estado aquí… ¿qué es lo que ha estado haciendo?- pregunté sin mirarla. Jen se incorporó rápida. Su rostro denotaba preocupación y sorpresa también. La miré fijamente, expectante. Jen alzó las manos pero parecía indecisa.

‘El solo me ha ayudado con la casa; solo ha venido unos días, eso es todo’

-Pues quiero que todo se quede en eso, la próxima vez que venga échale, no quiero que mi hermano venga por aquí de nuevo- mi voz sonaba dura, así yo quería que sonase, estaba molesto, casi enfadado.

Jen frunció el ceño.

‘¿Por qué no quieres que venga?’

-No quiero que se acerque a ti… conozco a mi hermano y… no me gusta que este aquí contigo… así que invéntate lo que sea y te despides de él, ¿de acuerdo?

Jen no respondió.

-¡¿De acuerdo?!- alcé la voz.

Jen tembló visiblemente aún de rodillas. Yo me incorporé y acaricié sus brazos para reconfortarla.

-Perdona… perdóname… pero… por favor, haz lo que te digo… es por tu bien… mi hermano no debería estar aquí… lo que debe hacer es quedarse con mi padre y cuidarle…para cuidarte ya estoy yo… no necesitas a nadie más…¿vale?- mi tono de voz había bajado poderosamente. Casi sonaba lastimero. Realmente me encontraba extraño, apenado…

Jen asintió con la cabeza repetidas veces. Yo sonreí.

-Buena chica…- acaricié su cabeza, peiné su pelo con mis dedos y entonces la besé en los labios. Jen cerró los ojos y pasó sus brazos por mis hombros.

Aquella visita no duraría mucho, tras cenar algo juntos me despedí.

-Mañana o pasado te traeré fruta fresca y dulces…hasta pronto…- acaricié su espalda y nos besamos de nuevo. Me fui, salí hacia el campo y andando llegué a mi casa.

Taewoon estaba leyendo y mi padre ya dormía. Intenté no hacer ruido pero Taewoon tenía un oído finísimo.

Maldito.

-¿Zico? ¿Dónde has estado todo este tiempo? estaba preocupado…- Taewoon corrió hasta las escaleras y se quedó mirándome.

No me digas… pensé para mi mismo. Me sentía tan enfadado que solo fui capaz de asentir con la cabeza y darle la espalda. Taewoon me llamó pero yo me despedí con un seco buenas noches.

Si, estaba celoso, muerto de celos.

Terriblemente muerto de celos.

A la mañana siguiente Taewoon salió temprano. Le seguí. Para mi sorpresa no fue a la casa azul, sino al mercado. Estuvo hablando con algunos vecinos mientras hacía la compra. Todo el mundo parecía apreciarle, todos se enorgullecían y se alegraban por él y su bonito curriculum. Yo desde las sombras me quedé mirando.

Durante el resto del día Taewoon fue a visitar a un pescador. Pasó la tarde con él y le entregó varias de las cosas que había estado comprando.

¿Que le pasaba a mi hermano en la cabeza? Ahora era Teresa de calcuta?

Que coño… Yo escondido entre unos árboles observé como charlaba con el hombre mayor y se despedía de su mujer y sus hijos.

Taewoon entonces cogió el coche y tomó una conocida y vieja carretera.

Aunque a pie se tardaba un buen rato yo era rápido y conocía un atajo. Apreté el paso. La noche refrescaba y me empezaba a doler la garganta y la nariz de respirar aquel aire frío que traía el mar.

Para cuando llegué a la casa azul, la noche había caído y las luces estaban encendidas. Atravesé la verja y pegándome a la pared de maderas me asomé a una de las ventanas con la capucha echada.

Taewoon llevaba en la mano una gran radio de las antiguas. La puso en la mesa de la cocina y una vez la enchufó Jen sonrió al escuchar las canciones.

-Como se que te gusta la música te he traído mi vieja radio… a veces hace cosas raras pero creo que es buena y te hará más amenas las mañanas o las tardes cuando no tengas nada que hacer o yo no esté aquí…jeje- decía Taewoon con tímida actitud.

Por momentos se me revolvía el estómago. Y Jen parecía muy contenta pero entonces pude atisbar preocupación, cierta tristeza repentina en su rostro.

Sus manos comenzaron a moverse.

‘Lo mejor seria que ya te fueras, es tarde y… también me gustaría que dejaras de venir. Me has ayudado suficiente… no hace falta que vengas más. Gracias.’

-Buena chica…- susurré casi sonriendo.

Taewoon estaba de espaldas a mí pero podía imaginarme perfectamente cual debía ser su cara, seguramente estaría haciendo pucheros, estaría triste, defraudado, decepcionado. Cualquiera de esos adjetivos le pegaban.

-Jen… ¿por qué…por qué dices eso? ¿he hecho algo mal? dímelo por favor… te noto muy fría conmigo de repente…- le escuché decir. Agudicé mi vista para ver la expresión de Jen.

Jen parecía insegura, alzaba las manos pero no llegaba a decir nada. Taewoon se acercó a ella y la cogió de los hombros, yo me tensioné.

‘Por favor vete, ya has hecho suficiente en serio… si sigues aquí vas a desatender tu vida y yo tengo mi vida, y no quiero que vengas más… por favor… vete’– gesticuló ella.

-Pero… Jen…- la llamó lastimero.

‘Gracias por todo… ya sabes donde esta la puerta. Adiós.’ -se despidió Jen.

Su rostro era un puzzle, una mezcla de muchos sentimientos. Taewoon pareció darse por vencido y se giró para marcharse, yo me oculté. Me quedé pegado a la pared. Suspiré aliviado de que por fin se fuera.

En lo alto del cielo, muchas nubes negras se arremolinaban. Se acercaba una tormenta.

Una de las primeras gotas cayó en mi rostro. Cerré los ojos y esperé. Oí la cerradura accionarse, sin embargo, nadie salió. Volví a asomarme y entonces lo vi, Jen había corrido y estaba abrazando a Taewoon.

Mi corazón se detuvo. Paralizado observé lo que ocurrió a continuación. Dieron unos pasos, Taewoon miraba concentrado el rostro de ella, había alzado las manos y la acariciaba con suavidad.

-No quiero irme Jen… y sé que tú tampoco… cada vez que me voy de aquí siento que me dejó una parte de mi mismo y que todo me cuesta más cuando no estoy cerca de ti…

Yo escuchaba quieto, mis pies estaban clavados en el suelo, seguía con mis ojos los pasos de Taewoon, cómo este avanzaba y Jen no decía nada pero si subía sus manos hasta el rostro de él y sus dedos acariciaban las raíces del pelo de él, sus orejas, su cuello… Jen entonces acercó su rostro y le besó.

Casi dejé de respirar.

La lluvia se hacía cada vez más fuerte y el cristal comenzaba a mojarse y a no permitirme ver bien qué ocurría dentro. Tan solo pude vislumbrar que Jen tiraba de Taewoon hacia las escaleras y que juntos desaparecían subiendolas.

Dejé de mirar.

Estaba en shock. Me dejé caer en la tierra mojada. Yo empezaba a estar empapado, mi pelo chorreaba, mi respiración era irregular, parecía a punto de sufrir un ataque de ansiedad.

No quería creer lo que había visto.

Quería creer que estaba soñando

Que aquello no era real…

Pero dentro de mi alguien gritaba que si lo era, lo gritaba cada vez con más y más fuerza hasta que terminé gritando yo.

Un fuerte trueno sonó. La lluvia arreciaba y yo me quedé de pie frente a la entrada principal como una estatua. De pie, frío, calculador…imaginándolos juntos…

Taewoon cayendo sobre ella en la antigua cama del cuarto de su padre. Ella estremeciéndose bajo su cuerpo, jadeando excitada, y mi hermano tocando sus pechos, su cintura…

Yo no lo pensé más. Cogí la llave que llevaba en mi bolsillo y abrí la puerta sin dificultad. La lluvia salpicó la entrada. Mis huellas llenaron de suciedad la casa. Chorreando me detuve en el inicio de las escaleras. El perro se acercó a mi y me olisqueó. Casi lo pude oír lloriquear.

Acaricié levemente su hocico y entonces emprendí la subida. Lenta pero concentrado en todos los sonidos, esperando oírles. La tormenta hacía crujir la casa. Los truenos se cernían y las olas luchaban bravías, creando formas terribles bajo la luz de los rayos. Un paso, y otro, y otro escalón más… ya casi había llegado.

Avancé cauteloso, cada vez estaba más cerca del cuarto del padre y entonces, los oí. Especialmente a Taewoon.

-Jen… te quiero… te quiero…no sabes cuanto… oh cielos… te quiero muchísimo…- susurraba entre jadeos. Avancé y permanecí en el umbral de la puerta, la casa allí estaba a oscuras pero me había acostumbrado a la oscuridad y entre los destellos de los relámpagos, pude distinguir el cuerpo de mi hermano sobre el de Jen. Moviéndose, restregándose contra ella, gimiendo de placer, besándola con cariño, ella le abrazaba, lo deseaba, lo deseaba dentro de ella… Mi hermano ya casi se había desvestido, sus pantalones ya casi estaban bajados.

No lo soporté más y me lancé hacia él. Y sé que Jen me oyó segundos antes.

Unos pocos segundos antes de que agarrara a mi hermano del cuello y lo lanzara lejos de ella, estampandolo contra la pared.

-Maldito hijo de puta… ¿cómo te atreves a tocarla?- balbuceé entre lágrimas. Jen temblaba asustada, de rodillas se agarraba un brazo y seguía el hilo de mi voz. Mi hermano cuando me miró supe que lo había pillado completamente desprevenido.

Intentó levantarse pero no se lo permití, le dí una patada.

-Maldito bastardo!! Jen es mía!! es mía!!! maldito cabrón de mierda!!- estaba descontrolado, ya no era dueño de mi mismo, mis piernas y mis manos parecían tener vida propia. No paré de darle patadas hasta que Jen intentó detenerme, dándome golpes, agarrándome del brazo. Sin embargo yo la lancé lejos a ella también. Ella cayó en el suelo haciendo un ruido sordo. Ni la miré, en aquel momento tan solo quería matar a mi hermano y estaba dispuesto a ello. Taewoon por su parte había conseguido levantarse y ajustarse el pantalón. Su boca sangraba y dedicó una mirada fugaz a Jen que se incorporaba con dificultad.

-Zico… ¿qué estás haciendo aquí? ¿a qué coño viene todo esto?- me preguntó con respiración agitada.

-Viene a que estabas a punto de tirarte a mi novia…-le solté con voz envenenada y una mirada llena de odio.

-¿Qué? ¿Jen es tu novia? ¿Nunca me has hablado de ella? desde que pasó lo que pasó aquel día que nos escapamos y jugábamos en la barca… no dejé nunca de pensar en ella…y tu nunca la mencionaste… por un momento llegué a pensar que aquello fue un sueño mio… y ahora resulta que es tu novia? ¿qué coño te pasa en la mente Zico?

-Ocurre que tú no fuiste el único que se fijó en ella… hará varios años ella y yo nos conocimos… y empezamos una relación…

-¿Que clase de relación es esa eh? dime porque no lo entiendo que ella no me haya dicho ni una palabra de ti en todo este tiempo y que tu tampoco lo hicieras…- Taewoon hablaba lleno de rabia, gesticulando, con los ojos muy abiertos.

-Tu no lo entenderías… tu no sabes nada… esto ya no es solo por ella… esto viene de antiguo  ya… tu y tu… siempre eres tu al que se le debe atender… oh pobre Taewoon…. oh Taewoon necesitas algo? toma, Taewoon quiere estudiar, pues vete a estudiar, oh Taewoon quiere a Jen, pues toma a Jen…eres un maldito egoísta…

-¿Como? ¿pero de qué estás hablando Zico? tu me hablas de egoísmo? perdona pero tu eres el espíritu libre, el que siempre se le ha consentido todo, yo nunca tuve libertad, yo nunca quise irme y nuestros padres me obligaron, tu tu sin embargo pudiste quedarte… hacer lo que te diera la gana… vivir como un rey… eso es lo que has hecho siempre… y encima te quejas? quien es el egoísta ahora? perdoname por enamorarme de Jen pero aun no he visto que ella lleve una etiqueta que ponga Propiedad de Zico…y sabes? nunca la tendrá, porque ella no es tuya, y seguramente ni te quiere…¿acaso la has cuidado? acaso te has preocupado por ella? porque cuando yo llegué aquí ella vivía como un puto animal de granja, llena de suciedad, sin apenas comida, con la casa hecha un asco… ¿y es tu novia? ¿así tratas a tus novias Zico? te sentiras super orgulloso verdad de ser tan macho y tan pedazo de cabron ¿no es cierto?!!!!- Taewoon estaba frente a mi, me gritaba, me apuntaba con el dedo, yo aguanté en mi sitio, sosteniendo su mirada, apretando mis nudillos hasta hacerme sangre con mis propias uñas….

La verdad dolía… sus palabras dolían…dolían demasiado… y no podía soportar escuchar toda esa mierda durante más tiempo….

-¡CALLATE!- grité y entonces me lancé contra él, el me intentó sujetar, pero no paré de correr hasta que lo empotré contra la ventana tapiada.

Fue entonces cuando el viento y la lluvia nos sacudieron, habíamos saltado al vacío, la ventana había cedido y sin forma de detenernos nos precipitamos hacia las feroces aguas marinas.

Todo era oscuridad, y sólo los destellos de los relámpagos asomaban en las revolucionadas aguas. Mi hermano estaba allí, nos sujetabamos mutuamente, intenté pegarle, él me sujetaba, forcejeamos y entonces falto de aire, sentí que mi sentido se nublaba por completo, mis pulmones se llenaban de agua y todo el odio se diluía en la tinta negra que parecía estar bebiendo en aquellos momentos.

La asustada imagen de Jen vino a mi mente, su pelo removido por la tempestad, asomada, deseando gritar sin ser capaz de hacerlo. Horrorizada, moviendo las manos en la oscuridad que la rodeaba siempre. Llorando al borde de un ataque de pánico. Los ladridos de su perro detrás de ella. Aquella ventana por donde habíamos caído y por donde ella misma se asomaba, era la misma por la cual una vez mi hermano y yo viéramos a Jen por primera vez.

La misma ventana por la cual, su padre asustado y borracho se llevó a rastras a Jen y la hirió en un ataque de nervios.

Aquella ventana iba a ser nuestra perdición.

Para cuando volví a recuperar el sentido mi hermano me estaba haciendo la respiración asistida y cuando el se apartó vomité agua que quemaba salada en mi garganta. Mientras tosía me hice daño pero el aire volvía a entrar dentro de mi. Estaba vivo. Y Taewoon estaba a mi lado. Con dificultad lo miré, mi visión era borrosa, el no me miraba su mirada se perdía en el mar. Ambos temblabamos de frío. Pero la lluvia se había detenido. Debía de ser bien entrada la madrugada porque una leve claridad se adivinaba tras las nubes de la tormenta que ya había encontrado su fin.

A lo lejos el sonido de unos ladridos de perro llegaron hasta nosotros. Taewoon se incorporó rápido.

-Jen! Jen! espera!- Taewoon comenzó a correr, yo aun intentaba recuperarme pero mi desenfocada vista me permitió distinguir los borrosos trazos de la figura de mi hermano recogiendo algo del suelo. Aquello debía ser Jen. Me incorporé y dando tumbos llegue hasta ellos. Jen estaba sufriendo un ataque de ansiedad, temblando como un animal asustado se debatía entre los brazos de Taewoon con los ojos contaminados de lágrimas de dolor. Hipaba sollozaba con fuerza pero sin emitir apenas ruidos. Parecía estar a punto de asfixiarse en su propio llanto.

Y yo había provocado todo aquello. Taewoon la alzó en brazos.

-Zico está bien… tranquila.. está bien… vamos adentro… debes cambiarte la ropa o enfermarás… vamos… shhh shhh…. tranquila… todo ha pasado, todo ha pasado…- le oía decir a Taewoon mientras se alejaba.

Junto a mi se había quedado el perro de Jen, este empapado también temblaba de frío. Yo lo acaricié y lo abracé sintiendo como mi visión se cubría de densas lágrimas. Lloré contra el pelaje lleno de arena del perro. Llore con gran congoja, como hacía no mucho habia llorado por la muerte de mi madre….

Lloré por todas las veces que no lo había hecho de pequeño.

Lloré y lloré hasta que extenuado caí dormido.

Cuando volví a despertar yo ya no estaba en la arena, sino en el coche. Taewoon no estaba pero no tardé en verlo salir del portal. A lo lejos, detrás de la casa azul, el amanecer tintaba de amarillo y rosa la superficie del mar y todo lo que lo bordeaba: casas, la playa, el puerto…la misma y desgastada casa de Jen…

Taewoon avanzó y entró en el coche.

Tragué saliva con dificultad y molestia.

Taewoon se quedó callado y quiero tras cerrar la puerta del coche. Pero fue el primer en tomar la palabra al final.

-Escucha… nunca he querido ser un estorbo… ni el centro de tu odio… yo siempre te he envidiado por tu forma de ser, tan despreocupada y libre… tan única y original… mi vida parecía un chiste a tu lado… y si nunca te lo he dicho es porque me reventaba reconocerlo… lo siento… siento no haber sido un mejor hermano para ti… y siento lo que esta noche ha ocurrido… yo… no veo más opción que… cada uno siga su vida tal y como habíamos hecho hasta no hace mucho… yo por mi parte volveré a la universidad y no tendrás que verme el pelo de nuevo… ni yo tendré que sentir nunca más celos de ti… tú podrás seguir tu vida con Jen y… yo buscaré la mia ahi fuera… creo que es lo… mejor para ambos…- terminó de hablar con cierto tono que denotaba autocontrol y una gran pena que intentaba camuflar.

-Taewoon…- le llamé-…yo…lo siento mucho pero… no estoy de acuerdo…no puedo estarlo después de lo que ha ocurrido esta noche…- reconocí. Tomé aire profundamente en mis pulmones, lo sostuve, lo guardé y entonces lo eché lentamente sintiendo aún el dolor minar casi todo mi cuerpo.- … hermano…tu no tienes porqué renunciar a la vida que hay aquí… a ti siempre te gustó vivir junto al mar… al contrario que a mi… que estaba loco por viajar y vivir en la ciudad…somos muy diferentes…y sin embargo hemos querido siempre lo que tenía el otro… nos ha pasado desde que éramos niños… en lo que fuera…daba igual… nunca estabamos contentos del todo… pero…si hay algo que siempre nos ha unido… ha sido que, siempre tú, me has cuidado… en lo bueno y en lo malo tu siempre has estado ahí… y esta noche… me lo has recordado…lo siento hermano… lo siento pero quien debe irse soy yo…- le miré entonces a los ojos. De mis ojos caían silenciosas y amargas lágrimas.

Taewoon también había empezado a llorar. La boca le temblaba. Agachó su cabeza, vi como varias lágrimas caían en el brazo del sillón. Yo me recosté, me intenté acomodar mejor en el sillón y miré el precioso amanecer.

-Tu te mereces a Jen más que yo… tenías razón en todo… tú has sido el único que la ha cuidado… y yo tan solo un egoísta… quédate aquí y haz lo que más te gusta… ayudar a los demás… yo intentaré buscar algo… algo que también me haga feliz…-mis lágrimas continuaban resbalando por mis mejillas.

En aquellos momentos había comprendido qué era lo más importante. Aunque horas atrás lo hubiera intentado destruir, lo verdaderamente importante era la amistad que guardaba con mi hermano, aunque esta fuera tan extraña como llena de contradicciones, nuestra unión filial era imborrable. Yo había intentado borrarla pero no había sido capaz…

Ser su hermano, era más importante que Jen, por mucho que me doliera admitirlo. Taewoon no dijo nada más. Condujo en silencio hasta casa, me ayudó a andar y me llevó hasta mi cama. Antes de permitir que se fuera lo sujeté y lo abracé. Taewoon se arrodilló junto a mi cama y se quedó abrazado a mi.

Volvíamos a llorar. Aquello era el inicio de una especie de largo adiós.

Tras una semana, mi decisión de marcharme seguía firme. Mi padre no dijo nada. El pobre ya nunca más volvería a ser aquel estricto padre que fue algún día. Había envejecido muchísimo en cuestión de días. Cuando me despedí de él, tan solo me bendijo y me besó en la frente.

Yo hice una mueca de sonrisa y con mi maleta preparada me encaminé hacia la puerta donde Taewoon me esperaba.

Una vez dentro del coche le pedí un último favor.

-Quiero ir a verla…¿podemos?¿vamos bien de tiempo?

-Claro… – mi hermano maniobró con el coche y salimos en dirección la casa azul.

Hacía un buen día, el sol brillaba alto y el cielo estaba despejado. Parecía que todo, el mar el tiempo y el pueblo se habían puesto de acuerdo para ofrecerme una bonita estampa de despedida.

Durante el viaje miré dentro de mi carpeta los billetes de avión para el extranjero y cuando alcé la vista, la casa azul comenzaba a dibujarse en el horizonte.

Cuando llegamos Jen y su perro estaban sentado en la entrada de la casa disfrutando del buen tiempo. Cuando Taewoon y yo nos acercamos rápidamente nos advirtieron. El perro empezó a ladrarle a Taewoon. Yo me reí un poco al verlo un poco asustado cuando vio al perro precipitarse sobre él. Yo lo saludé animado hundiendo mis manos en su denso pelaje, dejando que su lengua me llenara de babas el pantalón y la camiseta. Jen se quedó bajo el marco de la puerta. Parecía más delgada desde la última vez que la vi. Realmente parecía frágil, como una muñeca que se había roto varias veces. Yo me acerqué y le susurré que me iba. Que iba a trabajar en el eXtranjero, que quizás estudiaría y que cuando la situación lo permitiera volvería.

Jen me abrazó con cierto temblor. Taewoon nos miraba en la distancia. Yo acaricié los brazos de Jen y luego su cara y su pelo.

-hey…como sabía que hoy posiblemente estaríamos los tres juntos… he traído esto…- Taewoon sacó de su bandolera una cámara instantánea.- seguramente que te gustaría tener un recuerdo así que… vamos a echarnos una foto…- Taewoon alzó la cámara y los tres nos situamos, yo miré a Jen y moví su rostro para que sus ojos parecieran mirar hacia la cámara.

A los segundos la foto salió y Taewoon se la tendió a Jen y le indicó como agitarla y que soplara para que la foto saliera.

Yo me quedé mirando a Jen que como una niña pequeña agitaba el trozo de papel plastificado y soplaba por sus pequeños labios con una adorable expresión.

Al poco rato me la dio y pude ver la foto lista.

‘¿Qué tal ha salido?’ me preguntó Jen.

-Es una pena que no la puedas ver… porque hemos salido francamente bien…- sonreí con tristeza.  Jen intentó sonreír pero su semblante estaba lleno de tristeza. Volví a abrazarla y sentí que ella se iba a poner a llorar así que la acaricié con cariño y me despedí por última vez.

-Cuidate eh… y sé feliz… yo intentaré hacer lo mismo… ¿ok? – me separé de ella.

‘De acuerdo, lo haré. Adiós’ me respondió empezando a llorar.

Sonreí y aspiré aire con fuerza, me dirigí hacia el coche mirando la foto. Pero me detuve y me quedé mirando a Taewoon que se había acercado a Jen.

-A partir de ahora vendrá un repartidor a tu casa. En el pueblo ya saben que estas viviendo aquí… no debes preocuparte por nada… todo irá bien… yo, no me pasaré tan amenudo como antes hasta que tu me lo pidas… quiero que seas tu la que se aclare y me digas lo que sientes… te dejaré tiempo y todo el espacio que necesites… no quiero confundirte… pero quiero que sepas que yo quiero vivir una vida normal y me gustaria que tu estuvieras dentro de ella… pero para eso… ya sabes que muchas cosas tienen que cambiar…- Taewoon hizo una pausa-…luego me pasaré a ver cómo estás… hasta luego…- y diciendo esto le dió un beso en la frente. Jen alzó una mano pero pronto la llevó hacia su pecho y se agarró la muñeca. El perro nos siguió un tramo hasta que finalmente dentro del coche se quedó mirando como nos íbamos y luego volvía corriendo hasta donde estaba Jen.

El trayecto hasta el aeropuerto era tranquilo. Me despedí todo lo que pude del campo, de sus flores y de sus mariposas. Atrás quedaba la costa y la casa azul llena de recuerdos, buenos y malos. Atrás quedaba una vida y ahora a medio camino del aeropuerto empezaba otra. Miré de nuevo la foto y con cuidado la guardé en la carpeta junto a mis billetes. En medio del traqueteo del coche miré a mi hermano y le hablé:

-Taewoon, gracias por no dejar que me perdiera del todo…

Taewoon me miró de reojo y sonrió débilmente.

-De nada hermano.

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FIN

 
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Posted by on 23/06/2013 in FAN-FICTION, Sensei's Oneshots

 

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