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“Kill me, Please” (EXO oneshot)

02 Aug
“Kill me, Please” (EXO oneshot)

Canciones: Kinder (Panik), Join me in death (HIM), Funeral of Hearts (HIM), Wicked Game (HIM)

Créditos: imagen encontrada en Tumblr.
Derechos de autor reservados exclusivamente a su creador@.
(que se note que respeto el trabajo de los demás :D)
 
 
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El sonido de la guitarra era dulce y pausado. Las mujeres más jóvenes de la aldea estaban aprendiendo. Tenían una buena maestra, paciente y atenta. Las jóvenes sincronizaron entonces sus dedos y la música de sus instrumentos se alejó, atravesando paredes y asomándose por las ventanas, llegando a las gentes de la atareada aldea. Pescaderos, carniceros y panaderos mostraban sus productos sobre telas estiradas en el polvoriento suelo o sobre mesas hechas por ellos mismos. El sonido de la guitarra poco a poco se perdía conforme uno se internaba entre el jaleo mundano y llegaba al centro de la plaza donde se vendía artesanía y armas. Aquel era un día de especial gozo y murmuración, porque se decía que el rey y sus hijos andaban camuflados bajo la apariencia de simples campesinos.

Tenemos un extraño rey decían algunos,y no sin razón: a este rey no le gustaba llamar la atención,pero sí le encantaba jugar con sus hijos y aquel era uno de sus juegos favoritos:el del disfraz.

Todas las gentes de la plaza sabían que el rey debía andar muy cerca, porque ya todos habían visto a su primera esposa, ella al contrario que el resto de concubinas y esposas secundarias, no disfrutaba de aquel juego, no le gustaban los olores del pueblo, detestaba pisar sus húmedos y embarrados suelos….ella era de la realeza…¿por qué debía jugar a aquel estúpido y vulgar juego de engaño y así entremezclarse con gente que no era de su misma clase? Mientras se abanicaba sofocada, engalonada en aquellas caras y agobiantes telas engarzadas con toda clase de piedras preciosas e hilos de oro. La primera dama miraba por la ventana de su palanquín, deseosa de que el juego terminara ya. A lo lejos divisó a su marido. Siempre era fácil encontrarlo, siempre acudía a la misma tienda, a aquel antiguo negocio de sables y otras rudimentarias herramientas que la soberana también detestaba. Indignada se abanicó el pecho, sabía que aún quedaba un insufrible rato de espera.

-Bueno, veo que en esta ocasión traes muy buen material viejo amigo…-afirmó el rey disfrazado de agricultor. El viejo herrero alzó los ojos y dándose cuenta de la auténtica identidad de aquel hombre agachó rápidamente el rostro.

-Oh mi señor…si, es cierto, estas armas provienen de las altas montañas, producidas en las viejas minas. Son del mejor metal que pueda encontrar en la región. Puro e indestructible.

-Bien, quiero una espada para cada uno de mis hijos, las que tienen ya les vienen pequeñas, ahora necesitan espadas de hombres. Me llevaré todas estas- afirmó contento el rey con su potente voz y pasando la mano por una hilera de 12 espadas.

-Como desee su alteza- el anciano se agachó servicial y comenzó a envolver cada pieza de orfebrería con sumo cuidado y esmero.

Algunos de los príncipes más jóvenes estaban allí acompañando a su padre. Uno en concreto miraba maravillado un enorme mazo que casi era más grande que él.

-¿Que haces Tao? ¿Acaso piensas comprarte ese mazo que es más grande que tu enorme cabeza? Si lo coges seguro que caes redondo al suelo jajaja- se mofó uno de sus hermanos mayores llamado Kris. Tao bufó molesto y enrabietado se dispuso a agarrar el arma para demostrar de lo que era capaz pero su padre le detuvo.

-Esa arma no es para ti, hijo mío, no escuches las bromas de tus hermanos, tu serás el que tengas la mejor espada, esa será tu arma, el arma de un valiente y fuerte guerrero como tú- el padre soltó la muñeca de su hijo y acarició su despeinada cabeza.

Tao por aquel entonces no tenía más que ocho años, pero ya entonces era un sorprendente luchador, o al menos eso demostraba cuando practicaba por su cuenta porque, desgraciadamente cuando tenía que entrenar frente a sus hermanos, la mala suerte y la preocupación se adueñaban de él y lo hacían torpe y despistado.

Su padre aún siendo testigo de esto, sabía que tan solo debían pasar los años para así con la suficiente experiencia adquirida, su hijo doblegara aquellos nervios de adolescencia y se convirtiera en el mejor guerrero de todos.

Tao era uno de sus últimos hijos, y por ello era el más pequeño y más consentido, nacido del vientre de una de sus últimas, más joven y querida esposa. Tao sin duda era la envidia de sus hermanos y su madre lo era entre el resto de damas de la corte. Proveniente de otras tierras, su linaje nunca fue querido desde el principio, pero el enlace fue inevitable para unir otros reinos a las vastas tierras del poderoso rey.

El tiempo había transcurrido y la paciencia era una gran virtud que llevar consigo cuando se vivía en la corte. Y la madre de Tao era muy paciente y por ello sabía salir ilesa de cualquier encuentro desagradable con otras mujeres de mayor estatus. Tao por su parte al ser tan solo un niño se veía en una situación de constante desventaja, pero con su coraje y su valor muy pronto sembrarían el respeto entre los corazones de sus hermanos mayores y se ganaría el merecido nombre de hermano.

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La casa real solía ser silenciosa. Tan solo estaba llena de magníficas edificaciones y múltiples jardines con nombres exóticos y que hacían referencias a distintos dioses o diferentes tipos de flores. Tao a sus 17 años aún seguía acudiendo al que era su lugar preferido de niño. El jardín de las magnolias. El también preferido de su madre y su padre. Allí muchas tardes las habían pasado juntos, jugando a juegos de mesa o practicando lucha libre mientras su madre animaba a ambos. Y luego estaban aquellos mágicos momentos en los que su padre le contaba historias sobre la diosa de la muerte y su madre la interpretaba como si fuera la mejor actriz del mundo. Bailando ataviada de suaves sedas, y llevando largos pañuelos con los que jugar mientras danzaba ligera como una pluma con movimientos lentos pero calculados.

Tao era muy feliz en aquellos momentos en que tan solo eran ellos tres, pero sabía que aquello duraría poco porque tener tantos hermanos siempre hacía que el rey repartiera sus días para poder atender a cada pareja y a cada descendiente. Afortunadamente al final el rey siempre solía pasar más tiempo con el pequeño Tao y esto lo agradecía mucho su joven madre.

Aquella tarde habían quedado en el mismo banco de siempre, aquel labrado en fina madera que en el centro de la estancia estaba justo bajo una parte sin cubierta. La estancia era hexagonal, y el techo también creando esa forma recortada desde la cual se podían observar las estrellas. Aquel espacio donde se sentaban estaba rodeado de muchas flores olorosas solo por la noche y por último, un pequeño estanque lleno de carpas.

Tao aquella tarde llevaba esperando varios minutos y comenzaba a impacientarse, su padre nunca se retrasaba. Tao sabía que en aquella ocasión era solo para tener una seria charla y podía imaginarse sobre qué era…el matrimonio. Tao no quería casarse y ya harto de esperar, sin más dilación Tao se levantó y avanzó hacia una de las puertas pero entonces esta se abrió antes de que él mismo pudiera tocarla. Por ella asomó la cabeza de uno de sus hermanos un año mayor, su nombre era Chen.

-Menos mal que al fin te encuentro, padre está muy enfermo. Ven, ¡rápido!-Chen parecía nervioso. Se giró y comenzó a correr seguido por Tao. ¿Qué podría ocurrirle al rey? Tao se preocupó y con razón. El rey nunca había enfermado, esta era la primera vez.

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Aquella nueva mañana tocaban practicas con espadas. Tao después de luchar con varios de sus hermanos terminó realmente cansado. El sol comenzaba a ocultarse. Tao pidió un paño para secarse el sudor y acudió una de las sirvientas. Aquella chica era nueva, no la había visto antes. Esta se arrodilló y alzó sobre su cabeza la tela perfectamente doblada. Tao la tomó y agradeció la atención de la muchacha. Kris que no andaba muy lejos se acercó a él y cuando llegó a su altura miró a la sirvienta alejarse con la mirada agachada.

-¿Es guapa verdad? ¡me encantaría verla sin tanto traje y pañuelos encima jaja!

-¿y para qué quieres hacer eso?-Tao miró extrañado a Kris que soltó una carcajada mayor. Desde hacía mucho era conocida la poca fijación que Tao tenía por el género opuesto.Mientras que sus hermanos sexualmente se habían desarrollado antes, el sin embargo no parecía tener apetito sexual en absoluto. Kris se acercó a él y le susurró al oído.

-Las niñas no solo sirven para darte cosas o para jugar a juegos de mesa Tao…hay otro tipos de juegos que puedes hacer con ellas..-Kris sonreía divertido. Tao supo entonces a lo que se refería y suspiro. En ocasiones su inocencia era sinónimo de estupidez y motivo de mofa entre sus hermanos. Tao odiaba sentirse así pero no era su culpa si no había ninguna chica que le gustara de aquel modo… tan solo tenía amigas y nunca tuvo esa clase de curiosidad tan enfermiza que tenían sus hermanos.Tao se soltó de la mano de Kris que había sobre su hombro y se dirigió hacia las duchas. Por el camino deseó que aquella noche pudiera visitar a su padre después de la cena. Desde que había caído en su cama grave por una enfermedad en los pulmones, hacía bastante tiempo que no le veía y le echaba mucho en falta.

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La habitación estaba muy tranquila. Al rey le gustaba que solo fuera iluminada por la luna y que de esta forma creara aquellas sombras tan variadas debido a los barrotes de su ventanal y a las decoraciones que colgaban de su techo. Regalos de sus mujeres y sus hijos. Aunque había intentado engañar al tiempo y pretender siempre ser un niño intrépido, el rey no podía continuar con aquel juego, debía enfrentar la realidad: no era más que un anciano de huesos ya débiles y respiración ruidosa.

El viejo rey sabía que su final estaba próximo pero no por ello sentía miedo. Había vivido bien…aunque muchos años de su adolescencia la pasara lejos de su reino debido a las batallas y múltiples guerras con otros reinos, ahora sus tierras eran inmensas y todas gozaban de gran tranquilidad y riqueza; había traído la felicidad a sus súbditos y a su gran familia…el rey se sentía orgulloso de su obra y sentía que podía partir más allá de la niebla eterna y cruzar las aguas de fuego rojo para no volver jamás.

Con esta clase de pensamientos el rey poco a poco sentía que el sueño aplacaba sus ojos y su respiración se volvía más pausada. El rey cerró los ojos entonces y comenzó a recordar su juventud, sus viejos amigos muertos, la infancia de sus niños…el nacimiento de cada uno de ellos y en concreto, pensó en el pequeño Tao. Cuánto quería a aquel muchacho…aunque por orden de nacimiento no le tocara a él, el rey tenía muy claro que Tao era el más adecuado para reinar, y aquel deseo ya lo había dejado por escrito en un pergamino guardado rigurosamente en su escritorio. El rey se sentía tranquilo, sabía que el resto de sus hijos lo comprenderían, ahora todo había cambiado, todos se llevaban bien, Tao había sabido demostrar su valía…

El rey sonrió abandonandose al sueño.

La noche estaba tranquila desde que se inició pero entonces, un inquietante silencio se hizo en todo el jardín que estaba al exterior de los aposentos del rey. Ningun grillo ni ninguna ave nocturna cantaba, el rey abrió los ojos. De repente hacía frío.

Un suave deslizar, una delicada brisa movió las piezas colgantes del techo…sus sombras de animales se balancearon siniestras en la pared y sobre la puerta cerrada y entonces, de entre las sombras, una figura negra surgió lentamente. El rey al principio pensó que era una sombra más pero pronto distinguió a una persona dentro de ella…esta estaba encapuchada y avanzaba hacia su cama con paso lento…el rey no podía ver su rostro pero al poco rato que la luz de la luna la alcanzó, pudo reconocer que era una mujer. Gran parte de su piel quedó al descubierto cuando subió a la cama. Aquella mujer iba ataviada tan sólo con una túnica negra que marcaba perfectamente su bella figura, cada detalle de su anatomía. La tela era larga, la arrastraba pero a la vez estaba cortada a un lado permitiendo mostrar una pierna completa cuando avanzó ante él sobre el colchón. La mujer entonces mostró que portaba un arma; esta era muy similar a una hoz pero más alargada, con un labrado especial, ricamente decorada y mucho más afilada.

El rey la reconoció enseguida. Aquella no era una mujer cualquiera…era una diosa…la oscura diosa de la muerte, llamada por algunos muerte simplemente, por otros parca y por él mismo, diosa. El rey sonrió feliz de descubrir que el mito era cierto…

-Hola viejo rey…ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos…-su voz era dulce, sinuosa, realmente atractiva..como toda ella.

Si no fuera tan viejo…pensó el rey.

-cierto mi diosa…¿te refieres a una de mis últimas batallas? ¿quizás aquella en la que me hirieron muy cerca del corazón?

-La misma…no como aquel día, esta vez te veo bien, has vivido muy bien…has sido feliz ¿cierto?-preguntó sonriente la diosa de la muerte sosteniendo con ambas manos la alargada guadaña.

-lo es…y estoy preparado para irme-afirmó orgulloso el canoso rey.

-lo sé…-sonrió con ternura en la mirada la diosa que una vez lo vio nacer hacía 70 años atrás.

-¿será doloroso?-preguntó inquieto el rey mientras la diosa levantaba lentamente la guadaña.

-un rey tan fuerte como tu no debe preguntar esas cosas…-respondió en tono serio pero como mirada divertida dentro de aquel rostro blanco como el marfil enmarcado en su largo y liso pelo que comenzaba a asomar de entre sus ropas.

-soy viejo…-se excusó bromeando el ameno rey. La diosa sonrió complacida por el humor del hombre.

-tranquilo…la muerte no es tan mala como la pintan…-y diciendo esto con un rápido movimiento la diosa con la hoja atravesó el cuello del hombre sin crear herida alguna. Tan solo se oyó un suspiro y al levantar la hoja del arma, esta brilló blanca durante unos segundos hasta que se extinguió finalmente. La diosa entonces tornó a las sombras deshaciéndose en la brisa que de nuevo entró en la estancia removiendo la decoración.

La puerta repentinamente se abrió.

-¡Padre! ¿Estás despierto aún o…?-Tao acababa de entrar. Miró hacia la cama de su padre. Este estaba recostado con los ojos cerrados y una enorme paz relajaba su rostro. Tao se acercó sintiendo que un suave escalofrío le recorría…su padre no se movía, no respiraba…ya no estaba allí…Tao no se atrevió a tocarlo, rápidamente retrocedió temeroso y corrió hacia el exterior en busca de ayuda.

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El último adiós al querido soberano se convirtió en un sobrio funeral pero de grandes masas, donde todos los vasallos del rey y su familia estuvieron presentes. Todos los pueblos y la gran ciudad se vistió de negro. Sus doce hijos en fila lanzaron palomas blancas al aire para que guiaran al rey en su viaje al otro mundo. La gran pila ya estaba preparada y el fuego encendido. En un silencio lleno de sollozos, una larga cola de humo salió de entre la zona más alta de las escaleras al templo más importante de la ciudad.

Tras tres horas de culto, poco a poco todas las esposas y concubinas fueron retirándose. Aún había una gran decisión que tomar y que no parecía estar muy clara para algunas de ellas…pero salvo la reina, la mayor parte de estas mujeres no podían opinar.

La primera dama fue la primera en entrar en sus aposentos y explotar a gritos en pos de lo que ella creía que era justo y lo que el rey no había hecho. Una carta con sus últimos deseos había sido encontrada y lo que en su interior estaba escrito era en absoluto de su aprecio. La reina daba vueltas por la habitación, gesticulaba, era observada con temor por sus sirvientas. De repente su hijo entró.

-Esto es un insulto, un claro signo de lo senil que estaba tu padre…no puede atreverse a nombrar a su último hijo rey de todos nosotros…-la reina avanzó hasta su hijo y lo tomó del rostro y con tono plañidero le habló-…Kris, tú y solo tú eres el heredero legítimo…-pero pronto dejó de acariciarlo y de hablarle molesta dándole la espalda- …no sé cómo puedes estar ahí de pie como un pasmarote sin decir nada mientras nos lo roban todo…

-Madre, ¿quieres calmarte? es la última voluntad del rey y hay que respetarla…-suspiró cansado Kris.

-¿y el respeto hacia nosotros que? ¿acaso no lo merecemos también? – y tan pronto su tono se volvía tierno y dolido-oh…hijo mío…te quiero tanto…y solo quiero que tengas lo que por derecho te pertenece…-de nuevo volvía a ser mordaz y lleno de odio-…ese bastardo…no se merece tener todo un reino a sus pies…pero tú sí cariño…mira…haremos lo siguiente: tan solo es necesario actuar con rapidez y, si su muerte consigue parecer un accidente, el problema estará resuelto…¡será fácil!-afirmó locuaz y alegre. Su hijo sin embargo no parecía entusiasmado. Más bien parecía incrédulo.

-¿Qué clase de barbaridad estás diciendo madre? ¿Me estas pidiendo que… mate a mi hermano? has enloquecido…no pienso matar a Tao…no…-se negó contrariado.

-Kris…debes hacerlo…él nos robara todo…¿crees que todo seguirá igual? no, bajaremos de estatus, seguramente nos trasladarán de aquí, puede que incluso su madre nos deporte…y quien sabe…quizás nos maten por el camino…-la reina agarró el rostro de su hijo.

-¡madre definitivamente has enloquecido!…¡suéltame!…puedes pensar lo que quieras, pero yo nunca te ayudaré en tus sucias maquinaciones…¡nunca!- Kris no podía creer lo que su madre estaba diciendo y decidido se marchó con gran disgusto de la habitación dando un fuerte portazo.

-Eso es lo que ahora piensas hijo mio pero…pronto me darás la razón…-sentenció severa la reina aún mirando la puerta cerrada.

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Aquel era su 18 cumpleaños. Tao estaba contento por la sorpresa que le habían preparado sus hermanos pero…echaba en falta a su padre…el siempre era el alma de las fiestas…le encantaba bailar, jugar a las piñatas, hacer teatro…y en este como en el resto de sus cumpleaños, nunca más volvería a estar…Tao suspiró algo triste, pero pronto cinco de sus hermanos lo cogieron de los brazos y lo atrajeron al centro de la estancia.

-¡Venga venga vendadlo!! ¡que no vea ni donde tiene los pies!-gritó eufórico Xiumin mientras entre Sehun, Luhan y Baekhyun lo vendaban con un largo pañuelo de mujer en los ojos y le daban vueltas al mismo tiempo.

Kris y los demás rieron cuando lo vieron detenerse y tambalearse levemente por las vueltas. Aquel juego era uno de los preferidos de la familia…era una especie de gallinita ciega en la que tenían que reconocerse. En el juego jugaban todos los hermanos, madres concubinas, algunas sirvientas y eunucos. Realmente era divertido.

Todos corrían e intentaban confundirlo más pero ay de aquel que fuera finalmente capturado…

Una de las doncellas fue capturada por Tao. Esta aguantó la risa. Tao la había asido de la cintura y poco a poco fue subiendo las manos hasta llegar a su pecho. La chica estalló en risas mientras su cara se tornaba rosada.

-¿Eres tú Kris? -preguntó sonriente y pronto riendo.

Muchos explotaron carcajadas. El nombrado por su parte que no estaba muy lejos no pudo contenerse.

-¡Serás cabrón! jajaja!-pero lo cierto es que tenía que reírle la broma.

Tao pronunció el nombre de la sirvienta y la liberó disculpándose por haberla tratado de aquella manera, la chica aún acalorada negaba con la cabeza aún sonriente.

El juego continuó durante una hora y media. Y tras largas carreras llenas de caídas y múltiples sorpresas, finalmente llegó la hora del descanso y la cena. Las sirvientas fueron llevando las copas de vino a los príncipes que aún andaban dispersos por el enorme campo abierto iluminado sólo por antorchas clavadas en postes.

El gran cielo estaba ya lleno de estrellas y Tao sudoroso lo observaba con una media sonrisa esperando ver una nueva estrella que brillara más que las otras y que correspondiera a la de su padre.

Kris no muy lejos de él lo miraba tranquilo mientras bebía de su copa. Pronto una sirvienta se acercó a él y le trajo otra copa.

-Para el señor Tao de parte de la reina…-Kris atontado por la bella muchacha muy sonriente cogió la copa y agradeció a la joven su tarea acariciándole el rostro con los dedos. La joven sonrojada se marchó. Kris se rió para si y avanzó hacia donde estaba Tao.

-Toma campeón, brindemos y bebamos por esta hermosa noche llena de jóvenes sirvientas y…

-estrellas…brillantes estrellas…-Tao tomó la copa sonriente y sin apartar la mirada del cielo.

-y estrellas…si…-afirmó no demasiado emocionado Kris. Ambos bebieron de sus correspondientes copas largo rato y saciados exclamaron suavemente su gusto por la roja bebida.

-Vaya..me lo he terminado…creo que voy a ir a por más vino…y ya de paso le diré a esa sirvienta que sea ella quien me lo sirva…jeje…-Kris no había empezado el segundo paso cuando escuchó a Tao toser gravemente a sus espaldas. Sorprendido Kris se giró para mirarlo y lo vio contraer el estómago y doblarse de dolor hasta caer de rodillas al suelo.

Kris muy asustado se tiró al suelo y lo levantó de los hombros.

-¡Tao! ¡Tao! ¡¡¿qué te ocurre?!! Tao…-Kris entonces en su mente unió los hilos y se dio cuenta de lo que había hecho. Después de haber pasado tantos semanas sin volver a mencionar el tema Kris pensó que su madre había desistido en aquello pero…ahora lo veía claro…al girar el rostro la vio allí a lo lejos, junto a una de las antorchas, sin reprimir una sonrisa triunfal. Kris torció su gesto a uno de gran odio y dolor- ¡¡¡Que alguien me ayude!!! ¡¡¡el príncipe Tao está enfermo!!! ¡¡Ayuda!!-gritó desesperado Kris mientras notaba que Tao perdía la consciencia.

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El cuarto permanecía normalmente abierto para la entrada de las sirvientas y de algunas visitas pero a ciertas horas se cerraba para que el príncipe descansara tranquilo. Desde que había enfermado muy pocas veces había vuelto a la consciencia, pues las fiebres eran constantes y le mantenían en un estado que le era incapaz de salir y articular algo coherente.Todos sus hermanos y el pueblo estaban destrozados…pero el que más era Kris…aquella tarde había acudido a visitarlo, y justo había encontrado en su habitación a una sirvienta que le estaba cambiando los paños fríos de su frente. Esta cohibida recogió rápida y se marchó por la puerta que Kris había dejado abierta. Kris la miró marcharse con rostro afligido y entonces miró a Tao que sudoroso se removía a ratos entre las sábanas y murmuraba cosas ininteligibles. Kris se sentó a su lado en una silla y apoyó los codos en el borde del colchón y hundió su rostro entre sus manos.

-Lo siento Tao…yo no quería que esto pasara…y ahora…no sé qué hacer…mi madre estuvo detrás de todo esto y yo como un estúpido hice lo que ella quería…¿qué debo hacer Tao? ¡es mi madre! …no sé que hacer…lo siento…lo siento mucho…-Kris se derrumbó en el lecho de Tao y lloró desesperado.

Un ruido a su izquierda lo alarmó y recuperó la compostura todo lo rápido que pudo.

-Mi señor…le requieren en la sala de actos…han llegado algunas visitas…-un joven sirviente algo asustado asomó el rostro y llamó al príncipe. Kris se secó las lágrimas entonces.

-Te pondrás bien…ya ves como si…- y tras acariciar el pelo de Tao se marchó cerrando tras de sí la puerta.

La habitación iluminada por pequeñas velas quedó a oscuras cuando una fuerte corriente las apagó todas. La luz de la luna era la única que podía ver a Tao allí tumbado en la gran cama situada bajo la ventana. Tao se quejó tembloroso, comenzaba a sentir frío…

Una nueva visitante ya estaba allí y poco a poco salió de las sombras…en esta ocasión no estaba encapuchada, había dejado su rostro completamente al descubierto y su capa caída a medias. Como siempre hacía avanzó con tranquilidad hasta su próxima víctima y subió a su cama desde la parte más alejada. Tao algo despierto notó cierto movimiento cerca de sus pies y entreabrió los ojos. Al principio no vio nada pero pronto notó un peso entre sus piernas, alguien había subido a su cama y para cuando alzó la mirada su sorpresa no pudo ser mayor.

Una mujer semidesnuda estaba allí de pie frente a él mirándolo con suma tranquilidad y con una amenazante arma alzada sobre sus hombros. Pero Tao en lugar de tener miedo quedó fascinado por aquella visión…aquella joven de negra y brillante cabellera tenía unos ojos verdes cristalinos…del mismo color que el estanque de carpas…sus labios eran rosados y destacaban poderosamente sobre su níveo rostro perfecto y terso. Tao entonces la reconoció.

Sus negras ropas, aquella arma tan singular…su belleza…no podía ser otra…

Tao intentó hablar pero fue incapaz. La diosa de la muerte levantó levemente el rostro sin dejar de mirarlo fijamente pero entonces cuando debía dar el golpe de gracia, sintió que algo la detenía. Tao había cerrado los ojos, apretaba dolorido los párpados, su frente estaba empapada de sudor, su piel morena brillaba, su pecho desnudo respiraba rápido…débil…

La diosa bajó el arma y se agachó hincando una de sus rodillas a un lado del cuerpo de Tao quien seguía jadeante y moribundo. La diosa acercó su rostro y miró de cerca al jóven…Había algo en el que la sugestionaba poderosamente…algo en él que…

La diosa soltó su arma unos instantes y acercando su mano derecha a los labios de Tao, sin llegar a tocarlos, extendió sus dedos y de aquella forma extrajo el veneno que se evaporó rápidamente. La diosa con los labios entreabiertos miraba a Tao que dormido comenzó a respirar más lentamente y el color de su piel comenzó a retornar sano en él…

La diosa sabía que había roto una regla importante…dar la vida…en vez de arrebatarla…pero algo en su interior había dictado más allá de todo lo que ella respetaba y había actuado sin mayor desazón.

La diosa volviendo a incorporarse sobre sus descalzos pies, tomó su arma y miró una última vez al joven y atrayente príncipe y antes de marcharse, sonrió complacida por lo que había hecho.

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La recuperación del principe sorprendió a muchos en la corte pero a la que más a la primera dama. Kris harto de mentir una vez Tao estuvo lo suficiente fuerte le confesó lo que sabía y le pidió que tuviera clemencia con su madre pero que hiciera lo que quisiera con él mismo. Tao meditó su decisión y finalmente decidió que la reina fuera encerrada durante muchos años en sus propios aposentos sin poder salir de allí nunca y en cuanto a Kris, no hubo castigo. No podía hacerlo después de que este realmente no había obrado mal, al contrario, querer llevar toda la culpa y el castigo sobre sus hombros le hacía más noble y merecedor del perdón. Desde aquel momento Kris y Tao se convirtieron en mejores amigos que antes.

Juntos comenzaron a tomar todas las decisiones importantes como de si un gran equipo se tratara. Su unión sería su fuerza. Kris entendía más de algunos temas y Tao aprendía de él, y así ocurría también a la inversa. Aquel método parecía funcionar a las mil maravillas y así transcurrieron los meses siguientes…pero aún habiendose recuperado de su enfermedad, el príncipe Tao seguía algo apagado, siempre muy pensativo y solitario. Sus hermanos contadas veces se interesaron por su estado pero el nunca daba detalles concluyentes…Finalmente ninguno quiso presionarle y lo dejaron tranquilo.

Fue en una de aquellas tardes en las que Tao le gustaba pasear por los jardines de palacio que llegó finalmente al jardín de las magnolias. Esperaba encontrar allí a su madre pero no estaba, seguramente estaría en sus aposentos o habría salido a comprar acompañada de otras damas de la corte.

Tao deambuló concentrado en el único pensamiento que lo absorbía desde su recuperación: aquel sobre la joven diosa que apareció aquella noche…¿Había sido un sueño? ¿O había sido real? Tao no podía estar seguro, estaba enfermo, había llegado a delirar por las fiebres…era muy probable que aquella hermosa visión no hubiera sido más que producto de su imaginación…Tao se arrodilló sobre la hierba, frente al tranquilo estanque y miró su reflejo dentro de él.

-Mi padre dijo hace mucho tiempo…que este jardín…era digno hogar de los dioses…si tu mi diosa me visitaste aquella noche…creo que deberías vivir en un lugar como este…es perfecto…tan perfecto como tu…-habló Tao creyéndose solo…pero pronto una sugerente voz femenina siguió la conversación.

-¿Realmente lo crees?-el corazón de Tao latió desbocado por el sobresalto. Se giró. A sus espaldas allí, de pie y vestida como la última vez estaba ella…la misteriosa mujer vestida de negro…cuyos lacios cabellos caían por sus pechos y hombros hasta sus costillas. Esta lo miraba interesada. Tao parpadeó incrédulo y sentándose en el suelo tragó saliva impresionado por su presencia.

-Si…así es…-respondió con dificultad. La diosa sonrió alegre y avanzó hacia donde él estaba.

-¿sabes quien soy verdad?-Tao asintió mientras seguía con la mirada a la diosa que cada vez estaba más próxima-…pues desde la última vez que nos vimos… no he podido dejar de pensar en lo que hice…me refiero a tu vida…-la diosa se detuvo de pie a su lado. Tao la miró paralizado. La diosa dejó de sonreír y se agachó para sentarse con las rodillas echadas sobre el suelo. Tao ahora podía verla mucho mejor y la observó de los pies a la cabeza…sus ropas eran casi transparentes y dentro de ellas se distinguían un hermoso cuerpo que hizo que Tao se le acelerara el corazón y un fuerte calor creciera entre sus ropas.

-¿Has venido a matarme?-preguntó Tao mirando a la diosa a los ojos. Esta sonrió entonces gentil y acercó su rostro.

-Si la última vez te salvé…¿no crees que tendría poco sentido que viniera ahora a matarte?- la diosa al poco rato, en medio del silencio solo llenado por el arrullo del agua, alzó una mano y comenzó a acariciar el rostro de Tao, con los ojos fijos en su mano, como si estuviera hipnotizada…Tao respiraba entrecortadamente…aquella mano era cálida…quizás mucho más de lo normal…algo que no esperaba en absoluto…

La diosa continuó acariciando su rostro con una mano, tocándolo con delicadeza, rozando con sus dedos los labios de Tao. Este empezó a jadear sobresaltado. La muerte entonces volvió a mirarlo a los ojos, esta vez mucho más cerca que antes. Tao sin embargo no podía mirarla a los ojos ya, tan solo podía mirar sus carnosos y tentadores labios…

-Quiero besarte pero no sé qué ocurriría si lo hago…-afirmó insinuante con los ojos entrecerrados la joven. La garganta de Tao se movió inquieta y este entonces se humedeció los labios.

-Yo…tampoco lo sé…pero… no me importaría averiguarlo…-afirmó en un susurro. La diosa exhaló y acortó entonces las distancias entre ambos y atrapó los labios de él. Tao cerró los ojos y suspiró. Aquel tierno contacto se prolongó poco a poco conforme ella continuaba contra sus labios y él seguía moviendo los suyos con cuidado. La diosa pronto subió sus dos manos y cogió el rostro de Tao para poder besarlo mejor. Este por su parte lentamente comenzó a abrazarla de la cintura y luego al subir sus manos acarició sus brazos y hombros semidesnudos.

La diosa se separó entonces, ahora eran ambos los que jadeaban.

-Quizás salvarte fue una equivocación…esto no está bien…no puede estarlo…

-Yo creo que está mejor que bien…-afirmó Tao con deseo en la voz y volviendo a capturar los labios de la diosa entre los suyos. En este siguiente contacto, los besos de la diosa fueron más húmedos debido a que con la lengua comenzó a lamer los labios de Tao lentamente y llegó a introducirla en su boca. Ambos gimieron excitados al hacer esto y mientras continuaban besándose, Tao se percató de que con sus caricias había bajado la túnica de ella, dejando al descubierto sus hombros y después sus pechos. Tao jadeó excitado y ella también. Al encontrarse sus labios de nuevo pero más agresivamente sus cuerpos terminaron echándose sobre la fresca hierba. Tao bajo la diosa se movía sin saber muy bien lo que hacía ya que nunca había sentido nada parecido, su excitación había llegado a su entrepierna y desde allí demandaba fricción que poco a poco Tao conseguía con sus manos al mover a la diosa contra si. Esta por su parte lo besaba y posaba sus manos en su pecho que latía loco…aquello le gustaba…le gustaba sentir aquel palpitar…y a Tao le gustaba sentir aquellas manos allí.

Tao abandonó sus labios y comenzó a besarla en la mandíbula, en el cuello…deseaba descubrir todos los rincones de aquella piel que sabía tan sabrosa…

La diosa frunciendo las cejas gemía levemente y pegaba su rostro al de Tao, rozando con sus labios entreabiertos su frente y su pelo revuelto que olía ácido.

Las manos de Tao ya volaban ligeras y confiadas, habían llegado a sus caderas y no tardaron en masajear aquellos voluptuosos glúteos pero entonces, para sorpresa de Tao, la diosa se levantó rápida sobre sus rodillas y quedó a horcajadas sobre él prácticamente desnuda porque su túnica había caído a un lado envolviendo tan solo una parte de una de sus piernas. Tao temblando no dejaba de moverse bajo ella y entonces deseoso la observó en toda su esplendorosa desnudez, observó su vientre, sus finos brazos, sus pechos y quiso tocarlos, devorarlos también…y así lo hizo.

La diosa se estremecía de placer, se mordía el labio mientras sentía los labios de Tao sobre su erizada piel, aquello era delicioso y quería más…mucho más…

La diosa bajó una de sus manos y desató los pantalones de Tao que gustoso volvió a tumbarse y jadeó de forma aguda cuando notó que entraba dentro de ella. La diosa también gimió y comenzó a balancearse sumida en un baile de jadeos y gemidos suaves y tentadores. Tao la miró moverse y no pudo estar mucho tiempo así ya que rápidamente deseó volver a besarla y de aquella manera, uniendo sus bocas y sus cuerpos continuaron moviéndose placenteramente abrazados.

Llegó un momento al final en que sus movimientos necesitaron ser más rápidos y así lo hicieron, entre jadeos, la diosa se movió desesperada sobre él. Sus labios entreabiertos se rozaban y sus respiraciones se mezclaban dulces y ardientes…

Los gemidos cada vez eran más continuos y finalmente encontraron su final cuando ambos llevados por la pasión perdieron la noción del tiempo y explotaron de placer casi al mismo tiempo.

La diosa aun abrazándole comenzó a detener sus movimientos y poco a poco se tumbaron en la hierba aún unidos. Tao de repente notó que ella se separaba y lo dejaba libre de aquel apetitoso abrazo…Tao respiró hondo y sintió un gran frescor en su pecho desnudo y sudado.

Ambos estaban muy cansados y mantuvieron los ojos cerrados pero sin desear estar separados mucho tiempo pues ella volvió a pasar un brazo alrededor de su pecho y descansó unos instantes a su lado.

Tao también la rodeó con un brazo pero sin ser capaz de remediarlo cayó dormido y la diosa entonces abrió los ojos y lo observó dormir durante unos minutos. Rápidamente una punzada en donde se suponía que debería tener un corazón hizo a la diosa levantarse inquieta y volver a vestirse. Tao no se inmutó cuando abandonó su lado.

-Definitivamente esto fue una mala idea…lo siento…pero no debemos volver a vernos…adios Tao…-se despidió algo triste esfumándose en el aire. Tao entonces abrió los ojos y se levantó rápido y la buscó con la mirada pero sin éxito. Solo en aquel jardín Tao la llamó pero sin obtener respuesta alguna.

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Kris había terminado por fín de atender a aquellos arquitectos extranjeros. Kris resopló cansado. Tener que hacer ahora todas las cosas solo era un problema bien grande…Tao no estaba, como ya había empezado a ser costumbre desde varias semanas atrás…

Desde varias semanas atrás…Tao estaba más distante que nunca…pasaba mucho tiempo solo en aquel lugar de siempre, y además comía poco…siempre estaba muy pensativo, siempre en las nubes…

Kris sabía que ya era hora de tener una seria conversación con él. Levantándose ligero de su cómodo trono se dirigió hacia las puertas que le fueron abiertas por dos soldados. Kris avanzó por los pasillos de piedra y mármol decorados con ilustraciones de viejas batallas, muchas de ellas ganadas por sus abuelos y en las últimas por su padre, retratado joven y con una enorme armadura. Kris pasó mirando aquellas ilustraciones y sonrió. Seguramente los futuros retratos de su hermano y él serían muy distintos.

Por fín llegó al lugar en el que Kris estaba casi completamente seguro de que encontraría a su hermano Tao. Y así fue.

Allí, postrado de rodillas sobre la hierba, frente al tranquilo estanque y observando las estrellas, permanecía en silencio su solitario hermano. Kris lo miró afable. Conocía a su hermano y sabía que algo importante debía pasarle y dados todos los signos que mostraba, Kris ya se había hecho una idea aproximada de la posible enfermedad que estaba atacando al corazón de Tao en aquellos momentos.

-¿Quien es ella?-Kris preguntó directo mientras se acomodaba a su lado y le miraba sonriente. Tao saliendo de su abstracción lo miró sobresaltado. La pregunta fue repetida. Tao entonces respiró profundamente y echó aire intentando reír pero sin apenas fuerzas para ello.

-No…no creo que deba contartelo…no me vas a creer así que…

-Tao, hermano, déjate ya de todas esas estupideces…llevas semanas siendo un fantasma y todos estamos preocupados por ti…especialmente yo…quiero saber que te pasa y me lo vas a decir ahora. ¿Quien es ella? ¿La conozco?

-Pero cómo puedes saber que es una…

-Una mujer, se nota. Pareces una chiquilla enamorada…andas de un lado para otro callado, ensimismado, no atiendes a tus obligaciones, no te mosqueas cuando nos burlamos de ti…Tao, sea quien sea dímelo no me voy a enfadar…bueno, siempre que no sea la princesa Li…

-No, no es ella…es…-Tao miró intensamente a su hermano y pronto le quitó la mirada. Era incapaz de decirlo.- vas a pensar que estoy loco…no te vas a creer lo que me ocurrió…

-Tao…te conozco y se que no eres un fanfarrón como Kai…anda suéltalo ya…-le animó Kris con una media sonrisa. Tao lo volvió a mirar inseguro pero entonces lo dijo.

-Hace varias lunas…conocí a la diosa de la muerte…ella se presentó en mis aposentos cuando estuve aquella vez tan enfermo y a las semanas…volvió a venir a mi y…yacimos juntos..

-Tao…en serio…estás diciéndome que…pffff-Kris no pudo evitar dejar escapar la risa.Tao entrecerró los ojos y entre una mezcla de enfado y vergüenza quedó en silencio porque no quería discutir al respecto. Kris al verlo tan serio se detuvo aun con sonrisa de incredulidad pintada en los labios- no puedes hablar en serio…es…la diosa de la muerte no es más que un cuento para niños que padre…es solo un mito…no puedo creer que creas que es real y que además…debiste soñarlo…a veces los sueños son muy reales…yo también…

-¡no fue un sueño Kris, fue real! la besé, y fue real…lo recuerdo perfectamente…pero ya sabía que no me creerías así que…es normal…¡vamos..vete!, ¡déjame tranquilo…!-Tao giró su rostro y miró el estanque. Kris muy preocupado lo miró sin querer irse.

-Oye Tao yo…lo siento…eh…supongamos que te creo…¿cual es el problema entonces?-preguntó inseguro Kris.

-pues que quiero volver a tenerla entre mis brazos…ese es el problema…quiero que vuelva a mí…

-pero…eso es…casi imposible no sé…ya sabes que debe estar muy ocupada con eso de….ya sabes…

-si…lo sé pero…-Tao parecía muy triste. Kris alzó una mano y acarició su espalda afectuoso.

-Vamos…yo creo que…lo mejor que puedes hacer es olvidarla…no te va a traer nada bueno…

-¡pero es que no puedo!-plañó Tao desesperado.

-¿no puedes o no quieres?-concretó Kris más serio.

-No quiero- concluyó Tao con tono frío.

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La madre de Tao realmente estaba preocupada, su hijo cada vez era menos visto en los banquetes, algo le obsesionaba y no lo compartía con nadie…o al menos eso creía. La que ahora era primera dama había ido a visitar a su hijo al jardín y para su mayor consternación lo había encontrado desmayado. Estaba deshidratado. Pronto llamó a sus sirvientes y entre varios transportaron al joven hasta su habitación donde lo tumbaron en la cama. La reina le sirvió té y Tao semidormido bebió como un niño que bebe del pecho de su madre por primera vez. Al terminar dejó caer su peso sobre su madre quien lo meció suavemente hasta soltarlo suavemente para permitirle dormir tranquilo. La reina antes de abandonar la habitación lo miró dormir unos segundos…su corazón se partía de verlo así, tan débil de nuevo, la reina deseó que pronto cesaran aquellas pesadillas que lo atormentaban despierto y que así de nuevo volviera a ser el joven activo y risueño que solía ser siempre…

Al cerrar la puerta la habitación quedó a oscuras y no mucho después Tao volvió a despertar. Le dolía la cabeza, su boca le sabía dulce…era por el té…apenas recordaba qué le había sucedido aquel día…recordaba tener náuseas y saltarse algunas comidas pero luego… nada… oscuridad… como en aquel momento…Tao se irguió y sentado se frotó el rostro con ambas manos lentamente.

La luna ya estaba alta, aquel día en diferencia a otros había pasado demasiado rápido. Tao miró durante unos segundos la luna que a sus espaldas se asomaba a su ventana abierta. Una suave brisa entró en el lugar haciendo que su piel de su torso desnudo se erizara.

-No sé porqué haces todo esto…-afirmó una dulce voz al fondo de la habitación. Tao sobrecogido se giró hacia una de las esquinas de su habitación y de la oscuridad brotó la figura de la diosa. Su semblante era triste.

-mi diosa…-Tao exclamó emocionado pero antes de poder levantarse la diosa alzó una mano en señal de advertencia. Tao al borde de la cama se quedó inmóvil y extrañado.

-¿Por qué príncipe? ¿Por qué desperdicias tu vida así? yo no quería que esto ocurriera…hice mal y lo siento… pero… debes seguir viviendo el presente… y no un recuerdo…

-yo no quiero vivir recuerdos mi diosa…quiero vivirlo de nuevo…hacerlo real…contigo…te he echado mucho de menos…¡todas las noches…!-Tao no la miraba, había agachado el rostro y miraba el oscuro suelo donde debían estar sus pies.

-Lo sé mi príncipe…lo sé…he seguido cada uno de tus pasos desde donde no podías verme…he visto todo lo que hacías y dejabas de hacer…y…yo también te he echado mucho de menos…quizás demasiado…- la diosa de la muerte estaba frente a él y con cuidado posó sus manos en sus hombros y acercó su vientre hasta la cabeza de él. Tao cerró los ojos y echó el cuerpo hacia adelante. Se abrazaron.

-quiero que te quedes a mi lado…por favor…no vuelvas a irte…-suplicó Tao.

-yo…-la diosa comenzó a jadear dolida por aquellas tiernas palabras-…no sé…no entiendo porqué me siento así cuando estoy contigo…es cómo si…tuviera corazón…como si…estuviera viva…es extraño…lo que solo tú me haces sentir…príncipe Tao…-el nombrado alzó el rostro y suspiró al notar las cálidas manos de ella de nuevo sobre sus mejillas, en su pelo, en su nuca y por último en su cuello. La diosa poco a poco se arrodilló ante él y recostó su cabeza en su regazo.-perdóname…no quiero hacerte daño…

-no…no me lo haces…yo…mi diosa…mírame…por favor..-Tao tomó el rostro de la joven y la miró a los ojos, se hundió en ellos y nadó en la profundidad de sus sentimientos…

-ámame…lo necesito…ámame ahora…-pidió entonces la diosa jadeante y con gran deseo en la voz. Tao con los ojos entrecerrados entonces se agachó y comenzó a besarla sujetando con dulzura su rostro. Las túnicas negras de la diosa se deslizaron suavemente por su reluciente cuerpo de marfil y sus brazos ahora desnudos se alzaron necesitados hacia el cuello de Tao. Pronto este con sutileza la hizo levantarse de aquella postura, y de pie continuaron besándose hasta que Tao lentamente empujó a la diosa hasta su cama donde la recostó y la miró intensamente.

La diosa suspiraba mientras notaba una mano de Tao pasar por su rostro, sus dedos acariciar su pecho y bajar hasta su vientre…Tao con una mano clavada en el colchón se mantenía sobre la diosa y con otra abierta acarició las costillas de esta para atraparlas finalmente y acercar a la diosa y así continuar con aquel delicioso contacto. La diosa metió sus dedos entre sus cabellos y gimió entre sus labios al notar que Tao la cubría por completo. Sus lenguas se rozaron, sus pieles también y finalmente quedaron conectados para siempre. La diosa se agitaba, curvaba su espalda, se movía sensual bajo él, Tao suspiraba jadeante e imprimía débiles movimientos entre las piernas de ella. Cerró los ojos y notó cómo el placer cada vez era mayor, como ella estrechaba el paso entre ambos, como los gemidos de ella perforaban sus sienes y lo hacían temblar.

Sus movimientos no cesaban, los ojos de cada uno estaban puestos en los del otro, sus bocas estaban entreabiertas, sus alientos se encontraban de nuevo…Oh si, aquello era placer.

Tao gimió desesperado y arrugando su frente, cerró los ojos y aceleró el ritmo. Las piernas de la diosa se enroscaron en sus caderas y ella echó su cabeza hacia atrás dejándose llevar por aquella lujuria que no tardaría en consumirlos a ambos.

Una última embestida y toda su realidad se derretía a su alrededor. Tao y la diosa cayeron desfallecidos. Sus respiraciones entrecortadas y el latir del corazón de Tao eran lo único que existía…pero así estaba bien. Tao abrió los ojos y encontró los de ella mirándole intensamente. Tao sonrió.

-¿Qué miras tanto?

-A ti…tus ojos…tus labios…me gustan tus labios…-la diosa acariciaba el rostro de Tao con ternura y pronto se acercó a él y se miraron a pocos centímetros.

-A mi también me gustan los tuyos…-susurró Tao antes de besarla y cerrar los ojos. La diosa también cerró los ojos. Se abandonó a aquellos brazos, a aquel chico que sabía tan poco de ella…

Nada…

Tao intentó aspirar su olor y se dió cuenta de que la diosa no tenía ningún olor concreto…tan solo era suave, cálida…como una piedra calentada bajo el sol…pero sin embargo, no desprendía ningún olor personal…Tao la miró a los ojos y en ellos vió preocupación, temor, angustia… Tao guardó silencio hasta que las preguntas se formularon claras en su cabeza. Tao necesitaba saber algunas cosas:

-Mi diosa… yo quiero estar contigo pero…me temo que hay algo que me ocultas…y…si no me alejo de la realidad…se trata sobre nosotros…mi diosa, quiero estar contigo y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguirlo…por favor…dime qué es lo que tengo que hacer para merecer estar a tu lado…-pidió Tao muy serio. La diosa miraba con tintineantes ojos al joven. La respuesta era sencilla pero no fácil de formular. Finalmente los labios de ella se abrieron y su voz sonó débil.

-Tendrías que estar muerto para estar a mi lado…

-Pues…entonces mátame…yo…no le tengo miedo a la muerte yo…-Tao se había levantado y ambos ahora estaban sentados. La diosa al oírle lentamente comenzó a retroceder.

-No Tao…no sabes lo que me estás pidiendo…y además…tu hora aún no ha llegado…no puedo hacerlo yo…yo…agh…- la diosa abrió repentinamente los ojos mucho…demasiado… Se llevó una mano al pecho, se contrajo dolorida y entonces, con un gran terror en los ojos miró a Tao que no comprendía qué estaba ocurriendo.

-Mi diosa qué…oh cielos..- Tao paralizado observó cómo la diosa de la muerte comenzaba a temblar, a oscurecerse su piel y cómo de entre las sábanas de aquella cama se abría una entrada al infierno y ella era tragada por él para desaparecer como si nunca hubiera estado allí. Un relámpago cegó a Tao que al lanzarse a los brazos de ella en vano, tuvo que cerrar los ojos. Cuando volvió a abrirlos la diosa ya no estaba…tan solo las arrugadas sábanas de su cama. Tao deseó gritar de impotencia al hundir su rostro entre ellas.

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La diosa sabía que aquel dolor no podía estar causado por otro que no fuera su esposo. De nuevo su cuerpo caía sobre una superficie sólida…quizás demasiado. Estaba en el suelo, su cuerpo temblaba aún. Con los mechones revueltos, la diosa alzó la mirada y pudo ver al musculoso rey del inframundo mirándola con tranquilos ojos. Su actitud era arrogante.

-¿Creías que te iba a dejar pulular más tiempo entre los hombres, a tus anchas y encima siendome infiel? Querida, nunca pensé que fueras tan estúpida como para creer semejante cosa…-afirmó a punto de reír el dios de la muerte. La joven se incorporó con dificultad y se irguió para mirarle con tranquilidad. El dios no disfrutó de su silencio, rápidamente hizo un gesto con la cabeza hacia un lado para que la diosa desapareciera de su vista y ella así lo hizo, pasó por su lado y se perdió en los laberínticos pasillos de la subterránea fortaleza situada en el centro de la tierra…rodeada de negras tierras llenas de almas y esqueletos podridos que daban nombre al lugar como el averno.

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-¿Seguro que no puedo impedirte que te vayas?- Kris estaba desolado. Aún vestido en sus ropas de dormir, estaba sentado en el trono real. En el centro de la sala estaba Tao, preparado, llevando todo lo que necesitaba para el largo viaje que le esperaba. Su madre también estaba allí, su rostro palidecía de preocupación.

-No, no puedes…sabes que cuando tomo una decisión soy imparable…y voy a hacerlo, voy a ir a buscarla y la traeré de vuelta conmigo Kris- una plena seguridad inundaba los ojos de Tao. Kris sabía que aquella batalla la tenía perdida. Agachó el rostro y con rapidez se incorporó y avanzó para estrechar a Tao entre sus brazos.

-Vuelve…tan solo te pido que vuelvas de una pieza…nadie ha ido más lejos de las fronteras que piensas cruzar…ten mucho cuidado…-Kris se separó de él y apretó los hombros de Tao con sus manos. Tao sonrió gentil…pero al mismo tiempo triste. Volvió la mirada hacia su madre, ella estaba llorando.

-Madre…oh madre…no llores…ya verás como en muy poco tiempo estoy aquí de vuelta…

-Hijo…lo que persigues es un sueño…un mito…no…no puedes irte y dejarnos a todos…no puedes abandonar a tu pueblo…

-El pueblo ya tiene a Kris…él sabrá hacer bien las cosas durante mi ausencia…y si no…ya sabes, tu siempre puedes intervenir madre…- sonrió Tao intentando parecer relajado. Su madre lo abrazó lastimera y besó sus mejillas a modo de despedida.

El sol estaba a punto de salir. El amanecer sería la señal de su insospechada salida para el resto de príncipes y habitantes de la ciudad.

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Aunque cualquier otro joven de su edad podría haberse sentido tremendamente solo entre aquellas montañas sombrías, lo cierto es que Tao estaba acostumbrado a aquella tranquilidad y con la apacible compañía de su caballo negro llamado Ataturk. A Tao no le importaba pensar en voz alta e inclusive dirigirse al caballo y contarle cuál sería la ruta a seguir.

-Estas tierras son conocidas por las trampas que aguardan a aquellos viajeros que distraídos creen no temer a nada pero luego son los primeros en caer en las tinieblas…dicen que son trampas para alimentar a los no muertos…je yo sinceramente no creo mucho en esa parte de la historia…pero lo que si me interesa es encontrar el averno…-Tao rebuscó entre sus pertenencias y extrajo un rollo que al desliarlo y posarlo sobre su cama de piel de cabra y pieles de tigre, sujetó con piedras. En aquel pergamino estaban dibujadas aquellas inhóspitas tierras.

Formas irregulares, zonas en blanco, aquel mapa no era demasiado explicativo. Tao pasó los dedos y siguió pensando en voz alta:

-Ahora mismo estamos en las llanuras de ceniza, deberíamos cruzar el río seco y por fin llegaríamos hasta las montañas de fuego…allí es donde se supone que está el infierno y todas sus demenciales criaturas…je…-Tao sonrió perspicaz- no será difícil.

Cuando acaeció la noche, los compañeros de viaje apenas pudieron cerrar los ojos. Atormentadas voces acompañaban al viento que cruel y fuerte soplaba entre las cordilleras. Recostados el uno junto al otro intentaron descansar lo máximo posible pero siempre atentos…no sabían si realmente estaban solos en aquellas tierras.

El fuego ya se había apagado para cuando Tao abrió los ojos y encontró a su caballo comiendo unos pocos restos de seca hierba. Aquellas tierras apenas tenía vegetación. Tao supo entonces que su caballo posiblemente no llegaría a la mitad del viaje. Tao decidió recoger sus cosas y no contar más con su caballo. Lo instó a que caminara hacia su hogar pero el caballo no se movió del sitio. Tao decidió abandonarlo pero el animal lo siguió. Tao suspiró cansado pero con una sonrisa volvió a tomar las riendas y cuidadosos emprendieron el viaje sobre las afiladas rocas del arenoso camino.

Conforme de nuevo anochecía Tao veía que el camino cada vez era más complicado, más escarpado, más seco…Pero cuando sus esperanzas comenzaban a extinguirse, fue entonces cuando comenzaron a aparecer las calaveras. Tao y Ataturk se detuvieron. Frente a ellos se extendía un desierto lleno de calaveras…aquellas que en su día fueron las cabezas de los aventureros y mentes perturbadas que osaban encarar a la vieja leyenda y buscaban tesoros o inclusiva la vida eterna…

Muchas cosas se contaban acerca de que escondían aquellos suelos putrefactos pero lo cierto es que Tao sabía que bajo su enjugada apariencia se escondían las temibles ciénagas negras. Tao cogió un hueso cúbito y lo lanzó. Una vez cayó a lo lejos fue tragado por la tierra y salpicó un espeso líquido negro. Uno de los esqueletos se movió por la onda creada y asomó el resto del cuerpo que ,a excepción del cráneo que estaba perfectamente limpio y blanco, presentaba las extremidades conservadas, la carne color amarillenta pero todo seguía en su sitio. Tao reprimió las repentinas arcadas que sufrió su organismo. Se giró y miró a su caballo.

-Escúchame bien Ataturk, a partir de aquí si que no puedes continuar a mi lado…has sido valiente y todos lo sabrán, porque a mi regreso así lo haré saber pero…te lo pido viejo amigo…marcha a casa ahora que aun puedes…por favor…te lo pide tu rey…

Los negros ojos del animal servían de perfecto espejo para Tao, pero más allá de su reflejo, Tao supo que el animal era persistente, como él y que fácilmente no se alejaría. Tao soltó su cabeza y retrocediendo unos pasos extrajo su brillante espada y la alzó con ambas manos y la situó a pocos centímetros de la frente del animal. El caballo no reaccionó al principio pero cuando Tao gritó y alzó amenazador la espada el animal relinchó y retrocedió asustado.

-Eso es…obedece…y sobrevive…pronto nos volveremos a ver Ataturk…tranquilo…-Tao intentó sonreír sincero pero ahora el miedo comenzaba a poseer sus extremidades mientras veía a su caballo ir en dirección contraria a la suya. Tao una vez perdió de vista a su compañero, se giró y miró hacia el horizonte. Aquellas traicioneras tierras le estaban esperando y Tao iría a su encuentro, sabía que si conseguía pasarlas, podría llegar a las puertas del averno. Pero si no lo conseguía…sabía que serían su perdición.

Tao entonces reuniendo todo el valor y las fuerzas que había estado intentando ahorrar se encaminó cuesta abajo y llegó hasta el pantano maldito. Una vez frente a él pudo observar que entre los esqueletos había plantas y rocas. Tao guardó su espada, necesitaba tener todo el equilibrio posible. El primer salto era el que definiría la senda hacia su objetivo. Al igual que lo haría un gato, Tao saltó ágil y en su mente plantó un único pensamiento de victoria. Tao cuando volvió a abrir los ojos vio que había llegado a lo que ciertamente era una piedra que se mantenía estable bajo su peso. Tao sonrió satisfecho. Ahora tocaba la siguiente.

Poco a poco Tao fue sorteando las calaveras, las diversas zonas de repugnante verdín, el miedo…Tao se alejaba del miedo…cada vez estaba más cerca de la orilla…del triunfo…de su premio….de ella…

Tao saltó una vez más pero entonces, en el último momento perdió el equilibrio y la mitad de su cuerpo se hundió en la cenagosa zona. Tao se sujetó a unos juncos pero estos se resbalaban entre sus dedos. Su cuerpo poco a poco seguía hundiéndose y Tao temeroso hundió una de sus manos y extrajo su espada. Aun con los brazos fuera se sujetó a una piedra pequeña y a las plantas. Se quedó quieto, si se movía no hacía más que hundirse más…esperó.

Con la respiración más pausada miró a su alrededor. El sol se escondía a sus espaldas. Alargadas sombras se formaban tras las calaveras. Tao abrió mucho los ojos cuando notó cierto movimiento entre ellas. De nuevo volvió a pelear por salir de allí. Con su espada apartó un cadáver y con su otra mano aferró más a la planta pero los bordes estaban afilados y mientras se escurría, en sus palmas se formaron profundos tajos ensangrentados. Tao gimió de dolor y se hundió más en el negro lodo. Pero cuando la oscuridad más pronto estuvo de envolverlo, de repente una luz azulada lo llenó todo cegándolo unos segundos. Tao sintió entonces que su cuerpo volvía a hundirse pero la sensación de humedad esta vez lo abandonaba, ahora en su lugar sentía calor como si bajo sus pies hubiera un fuego encendido. Tao se hundió completamente en la ciénaga de los muertos y la luz azulada lo envolvió transportandolo a otro lugar.

Cuando Tao volvió a abrir los ojos estuvo seguro de que por fin había llegado a su destino. Sobre un amplio suelo de pizarra se extendía ante él imponentes y colosales unas alargadas puertas que entreabiertas dejaban filtrar aquella extraña luz azul desde su interior. Tao se alzó y supo que aquello debía ser las puertas del infierno. Avanzó con decisión. Con una única persona en mente…Ella.

Una vez entró en el amplísimo habitáculo que se escondía tras las puertas vio a lo lejos dos imponentes bestias aladas con cabezas de serpiente. Éstas sisearon maliciosas. Tao alzó su espada pero entonces una voz le distrajo. Era una voz masculina que pertenecía a un fuerte y alto hombre de piel morena que estaba sentado sobre uno de los majestuosos tronos oscuros llenos de calaveras de diversas formas.

-Desde tu mundo las sombras me han comentado que me buscabas…

-No es a tí a quien busco…sino a una mujer…

-Querrás decir mi mujer ¿no?

Tao palideció visiblemente. De repente al lado de aquel hombre ataviado con una falda recortada irregularmente y una capa negras, se formó lentamente el cuerpo de una mujer que resultó ser su amada diosa…Tao entonces lo comprendió.

En aquellos dos tronos se sentaban los dioses del inframundo…aquel debía ser el rey…y ella…su reina…Tao como nunca antes en su vida se sintió enfurecer ferozmente. Su rostro se ensombreció por el odio y con ambas manos sujetó su espada apuntando al dios de los muertos.

-Ya sabes porqué he venido…ven aquí y pelea si realmente la amas tanto como yo…-le retó Tao al dios de la muerte. Este sonrió soberbio pero una vez se levantó miró a su derecha, a la diosa.

-Querida, ya sabes lo que tienes que hacer…acaba tu trabajo…

Tao miró incrédulo a la diosa. Esta tenía la mirada perdida y como si fuera una marioneta alzó una mano en la cual se formó su arma letal.

Tao entonces retrocedió un paso negando con la cabeza.

La diosa avanzó hasta él y sus ojos por fin se encontraron.

-No voy a luchar contra ti mi diosa…-afirmó al fin Tao lleno de angustia. La diosa contuvo las lágrimas y le respondió.

-Tienes que hacerlo…lucha, y defiende tu honor…

-No puedo…no…no voy a hacerlo…lo siento…-Tao soltó el arma y con lágrimas en los ojos cayó de rodillas frente a la diosa. Los labios de esta temblaron ligeramente. Una mueca de dolor contraía su rostro. El dios de la muerte sonrió complacido.

-Ya sabes que este es tu castigo…llévalo a cabo con dignidad…

La diosa al oír la voz de su esposo cerró los ojos y alzó el arma hacia un lado. El eco de su voz aún reverberaba en su mente, y la de Tao también…un agudo dolor aguijoneaba su pecho y entonces, con gesto ligero la diosa descendió el arma pasando la hoja limpiamente por el cuello de Tao. Este suspiró y tras poner los ojos en blanco cayó fulminado al suelo. Su alma le había abandonado. Ahora estaba con el resto…fundida en un mar oscuro y lejano escondido bajo aquellas piedras milenarias que formaban aquella morada. La diosa dejó laxos sus brazos pero sin soltar el arma. El dios de la muerte había comenzado a aplaudir.

-Que bello es el amor…que hermoso y puro es…¡qué pena que no seas humana y pudieras acompañarle tu también! ¿verdad? con gusto yo lo haría pero… entiendeme, te necesito a mi lado para reinar….mi pequeña e infiel reina…-los pasos del rey de los muertos habían llegado hasta la joven; ya casi estaba a su lado.

La diosa endureció su rostro iracunda. Aquellas palabras eran veneno para sus oídos, fuego para su corazón, gusanos en sus dedos. La diosa de los muertos estaba harta…había llegado a su límite y con estremecedora decisión, en un rápido movimiento se giró sobre sus pies y cortó el cuello del dios de la muerte haciendo que su cabeza cayera y rodara por el lugar. La diosa avanzó dando la espalda a la figura que sangrando por el cuello caía de rodillas sufriendo espasmos y finalmente caía postrada ante el cuerpo sin vida de Tao…

Tao…mi amor…tu deberías ser mi único rey…

La diosa entonces se detuvo. Sus ojos como platos se abrían desmesuradamente. Una idea brillaba luminosa en su mente. Una gran revelación. La diosa lentamente se giró y miró el cuerpo inmóvil de Tao.

Ahora que había matado al dios necesitaba un nuevo rey…aquella era la clave…ella misma era la que podía salvarlo…y lo acababa de hacer…

La diosa anduvo rápida y se arrodilló jadeante ante Tao a quien levantó y recogió en su regazo.

-Tao…despierta…despierta amor mío…debes estar a mi lado…eres mi rey…mi rey para toda la eternidad…-La diosa acarició con ternura aquel rostro azulado y observó como poco a poco volvía a tomar color…como aquellos labios volvían a ser rosados y como su cabello se oscurecía más fuerte que nunca antes. La diosa sonrió y al mismo tiempo se sorprendió a si misma porque, de sus ojos caían saladas lágrimas que ella por primera vez en mucho tiempo volvía a degustar.

Tao abrió los ojos lentamente y frunció el ceño…

-Mi diosa…¿Qué ha…?-intentó preguntar.

-Tranquilo…todo ha pasado…ahora todo está bien…ven…ven aquí…-la diosa le interrumpió y entonces acariciando una de sus mejillas se agachó hacia su amado y cerrando ambos los ojos se besaron dulcemente.

Aquellas manos que quedaban libres pronto se entrelazaron cálidas. De los ojos de Tao también cayeron lágrimas, pero esta vez eran de alegría. Había vencido…había vencido a la muerte y ahora podía amarla tranquilo…

Muchas cosas iban a cambiar a partir de ahora pero seguramente, todo sería para bien.

**************************************

Kris estaba apagado. Ya hacía una semana que su querido hermano había partido y no sabía nada de él. El resto de hermanos permanecían silenciosos en la gran sala de visitas. Cada uno intentaba entretenerse con algo pero era imposible apartar la mirada del triste rey. De repente un soldado entró en la sala ruidosamente abriendo de par en par las puertas.

-El caballo del rey Tao! está aquí! ha llegado solo su majestad!-exclamó desolado. Kris y los demás se levantaron. Tan solo Kris se mantuvo en silencio, el resto murmuraba cosas y palidecía por la terrible noticia…

Kris sin embargo no pensaba abandonar la esperanza. Pasaron los días y pronto muchos hablaron de celebrar un funeral. Kris se negaba pero ciertamente sabía que no tenía ninguna prueba para demostrar que Tao siguiera con vida…

Finalmente el día del funeral llegó…

Una gran solemnidad y un absoluto luto plagaba cada calle y a cada habitante de aquellas tierras rodeadas de extensos campos y llenas de pueblos y una ciudad interior que poco a poco crecía y edificaba monumentos cada vez más altos.

Kris y el resto de la familia real de pie como estatuas miraban hacia la puesta de sol y honraban al difunto rey. Todos lloraban destrozados en silencio…

Pero entonces cuando los últimos rayos del sol alumbraron las colinas del horizonte, una luz azulada bajó lentamente desde la incipiente luna y alumbró los techos de las tradicionales casas. Kris y sus hermanos retrocedieron asustados. La reina madre de Tao observó boquiabierta la escena.

De entre llamas azules se formaron dos siluetas que pronto brillaron cálidas como el fuego ameno de invierno. Kris había dejado de llorar pues su hermano estaba allí delante de él y avanzaba sonriente con los brazos extendidos. Kris no dudó en acudir hacia él.

Un fuerte abrazo hizo saber a Kris que aquello no era un sueño…que su hermano realmente estaba allí que no lo estaba soñando como otras noches lo había hecho.

-Siempre has llorado como una mujer…-afirmó Tao bromista. Kris rió amargamente y aún con ojos brillantes se separó para mirarlo mejor.

-¿Qué has hecho esta vez hermano? – le preguntó con una extraña sonrisa. Tao entonces se giró hacia un lado y alzando una mano, invitó a aquella misteriosa mujer que le acompañaba. Tanto Kris como la madre de Tao inmediatamente supieron de quien se trataba. Tao tomó su mano y se la presentó a todos.

-Esta es mi mujer y debo informaros de que a partir de ahora yo reinaré muy lejos de aquí…-explicó Tao más serio.

-Pero…-Kris intentó protestar pero Tao se lo impidió.

-Ahora tengo otras obligaciones hermano…entiéndelo…no puedo estar siempre aquí…ahora pertenezco a su mundo…lo siento…¿sabes qué? padre me envía saludos para todos…

Poco a poco todos los hermanos se habían acercado a Tao y se habían presentado ante la diosa que con una tímida sonrisa agachaba la cabeza como saludo y amigable los miraba a todos. La reina entonces abrazó a su hijo con fuerza y gran amor.

-Hijo mío…perseguiste tus sueños y los alcanzastes…estoy orgullosa de ti…pero al mismo tiempo llena de tristeza pues sé que nunca más volveré a verte- sollozó su madre. Tao la apartó con suavidad y sujetándola de los brazos le sonrió sincero.

-De vez en cuando os haré alguna visita…no llores mama…aunque muchas cosas van a cambiar a partir de ahora todo será para mejor…no lo olvides…

Y así nadie lo haría porque a partir de aquel entonces las vidas de muchos se alargaron con el paso de los años y una nueva historia formaba parte de los muros de palacio. Esculpida sobre cuarzo y piedras preciosas, la romántica historia del príncipe Tao y la hermosa diosa de la muerte se reflejaba siendo estos retratados abrazados mirando al frente, ambos de perfil y tumbados en la fresca hierba de uno de los jardines más famosos del palacio.

Aquella historia con el tiempo se convirtió en mito pero aún hoy en día, cuando algún pequeño príncipe entra en el jardín de las magnolias, a veces pueden verse dos siluetas iluminadas por la luz de la luna y descansando sentadas mientras observan embelesadas el estrellado cielo recortado en el techo, y con ello disfrutan del arrullo del agua y de un amor que para siempre traspasará todas las fronteras imaginables.

 
10 Comments

Posted by on 02/08/2012 in FAN-FICTION, Sensei's Oneshots

 

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10 responses to ““Kill me, Please” (EXO oneshot)

  1. Cielo

    02/08/2012 at 16:12

    WOW n.n estuvo muy lindo n.n, TAO se volvio un dios owo
    Esa diosa mato a su esposo jajaja -eso significa ke el dios no servia para nada ???-
    Que forma mas hermosa de poner un mito tan magnifico
    Mucho lemon jajaja */*
    bueno me despido saludos, Muy lindo el fic
    BYE BYE

     
    • Sensei

      03/08/2012 at 11:03

      ^^ hey!! Hola!! muchas gracias por comentar. Me alegra mucho que te gustara esta historia medio medieval medio gótica n_n!

      (a ver lo del dios pues….basicamente ella era la que tenía el poder, casarse con ella lo convertia en dios de la muerte pero digamos que si, que solo era una figura simbolica, tenía poderes y tal pero la que hace todo el trabajo es la mujer xD)

      lemon? que quieres decir :D??

      Muchas gracias de nuevo! espero leerte pronto!

      Annyeong~!❤

       
      • Sensei

        05/08/2012 at 23:37

        vale, ya se que es lemon :3😄

         
  2. Pescaíto

    02/08/2012 at 18:38

    Ea, ahora ya sí que morí. Al fin acabaste con mi sufrimiento!! xDD

    Ugh, qué decirte que no te haya dicho ya en los comentarios de docs? Creo que no queda nada… Me ha encantado esta historia, de verdad. No solo por esa tensión mientras actualizabas el documento o no, pero es… No sé explicarlo bien. Envidio muchísimo tu imaginación. Me encantaría poder inventarme universos diferentes, poderes especiales, criaturas nuevas, leyendas. Me encantaría, pero me resulta tan falso cuando lo intento… El apartado de la fantasía es enteramente tuyo sin duda xDD

    Creo que esto no te lo he dicho, pero me encanta el personaje de Kris. Es algo que tiene que me gusta, puede que su actitud, sus palabras naturales, la relación que tiene con Tao, no sé… Es algo que tiene que hace que me guste mucho ^^

    Y por otro lado, Tao es genial! *enamorada de él (y todo EXO, why not? xD) hasta las trancas* Por un lado muy inocente y tontorrón, pero por otro maduro y con una gran resolución y ánimo de acero. Es muy, muy bueno, de verdad.

    Me gustaría poder decirte algo más, pero aún me tienes sin palabras. Estoy que no respondo, que no soy capaz de procesar la información xD Espero que sigas así y que nunca abandones esa preciosa imaginación que tienes, porque me encanta (y porque así viajo gratis xDD)

    Muy buen trabajo, gusanito!! A ver con qué me sorprendes en la siguiente historia (o en Hot summer)! ;P

    PD: mierda de WP me hizo un spoiler del final de la historia antes de leerla… Al aprobar el comentario de Cielo leí sin querer lo de que Tao se convierte en dios… Ugh… Ya podía imaginarme que algo así sucedería, pero me hubiera gustado mantener el misterio hasta el final al menos xDD La cosa es esa, que me ha encantado y que me faltan palabras para felicitarte, así que espero que te sirva este baile blublú que te dedico! Un besote grande!! >~~(*O*)~~<

     
    • Sensei

      03/08/2012 at 11:07

      ^^!

      Pues si es cierto que ya en docs me dijiste muchas cosas pero bueno…aqui lo interesante era el final y claro…al final tu solita la armaste…xDDD

      Aiiiishhh!! dejate de aprobar tantos coments y lee first u.u (la que debe aprobar coments soy yo! xD)

      Y si, Kris y Tao me gustan tb mucho aqui…de veras que me costó no liarlos😄 con tanto hot summer estoy perdida ya…pero…al final lo conseguí y no quedó mal🙂

      Yo a veces me siento que mi imaginacion no es gran cosa pero, lo intento :3 aSI QUE GRACIAS POR EL APOYO!

      Y gracias por tu baile blublu.

      Baii~*

       
  3. Ino

    04/08/2012 at 04:55

    y como yo leo como se me antoje, y estoy comentando las cosas que eh leido en ratos libres y a pedasos, pero que eh disfrutado mucho mucho. y que ah pajao!! ( ya se me salio la aldeana😄 te explico, el hablado jamaiquino evoluciono a uno aldeano XD)

    esto ah sido tan asjdjkashfkjasdhnkgjadhkgjasjkfdsa if you know what i mean ?

    esque jakdjaskjfshfkasjhdfljashlfha y ademas fue aksdjaldkjasljdask y la parte de ㅁ어마너ㅗㅇㅁ너ㅗ럼ㄴㅁㄹㄶㅁㄴㄻㄴㄹ una cosa asi me entiendes?
    no? de malas… jajsjajshajajaj

    es que sabes… era tao!!! osea TAO!!! no es lo mismo un EXO a TAO osea TAO es mi Chinito osea el CHINO… TAO ES TAO!!!😄 jajaja bueno si es lo mismo, pero no para mi xD

    y dejando el fangirl por su Bias ~osea ataque compulsivo obsesivo~ pues, a pesar de que te trataste de ambientar la historia a un estilo medieval oriental, o eso creo😄 yo lo sentia como la India del siglo 4.. una cosa asi, de verdad que me gusto mucho como expresaste las emociones del protagonista y las de Kris, porque con la diosa, habia mucho misterio, y no podia comprenderla bien, pero aun asi, fue como un encaje perfecto ella con todo su estilismo ella es Amor ~Diosil~ oh si!!!

    y me gusto la parte donde matan al rey del averno fue como un CALLATE!!! y slash vuela cabeza porr un lado y sale el cuerpo tirado a el otro, esa parte solte una risilla, de imaginamerlo😄

    este… yo como que me voy dumierdo, ya me entro el mareo del sueño😄

    exelente historia, la incluyo en mis favoritas, pero siento que falto el vampiro que brilla, un par de Ransengas, y tres o cuatro unicornios, eso si, a gusto personal, ah…y si se hechas un poco de hadas madrinas y ratas que cantan….seria tan ajsdhasdajkkdahj

    ettooo ya toy delirando.

     
    • Sensei

      05/08/2012 at 23:37

      jejej me gusto ese lado aldeana que tienes *O*!! a mi tb me sale pero a lo andaluza! seguro que a veces me lo notarás en los videos! (acabo de imaginarme a las dos grabando un video! seria guayy n///n!)

      je….jejejejejejejjej *w* ya sabía yo que este fic te gustaría….MUOOOOJOJOJOJO es que tao es mucho tao y yo me puse de mala escribiendo u///////////////u pero bueno, tb lo disfrute mucho😛

      Y si esos tres personajes me gustaron mucho, aunque la verdad que me emocione mucho hablando sobre la familia y en especial sobre aquel rey tan poco comun que echaba largos ratos con su ultima esposa contando cuentos a su hijo mas peke *o*

      Y si la parte de la muerte del dios fue super…DISH!! MUERE BICHO!😄
      si, yo me encanto escribirla *¬*

      jajajajajajja bueno bueno, yo me quedo agusto con saber que te gusto, tranqui, un dia de estos te escribo una historia llena de unicornios, hadas madrinas, duentes, gnomos, dinosaurios y todo lo que tu quieras, que te lo mereces por ser tan buena lectora y luego comentadora de fics ^^!!

      Ea, ya te respondi, a dormir las dos! :DD

      sALUdos, espero que estés bien :3

       
  4. alessa

    10/08/2012 at 07:53

    Me gusto muchoooo❤

     
    • Sensei

      10/08/2012 at 21:36

      ^^ Hola Alessa! me alegro mucho que te gustara🙂 ¿cual es tu parte favorita por cierto?😀

       
  5. alessa

    17/08/2012 at 09:14

    Perdon ppr no comentar mucho… Mmm me gusto mas cuando Tao ya empezo a ganrce el lugar entre sus hermanos y Kris comenzo a tenerle afecto al igual que todos… Y la parte del final… Cuando ella y Tao pudieron estar juntos comos los dioses del Inframundo… Por cierto me encanto el.otro q escribiste de “Relatos del cuaderno Rojo” La tercera parte *-* fue geniaaaaall. me encanta como escribes❤

     

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